Archivólogos: menospreciados, pero necesarios

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En una época en la que muchos jóvenes se desviven por ser “community managers”; creadores de identidad digital; chefs y profesionales de otras disciplinas que han ganado popularidad, otras carreras quedan más y más marginadas.

La percepción, muchas veces equivocada, es que son profesiones que van por la vía de la extinción. Sin embargo, ¿cuántas disciplinas en Panamá pueden jactarse de que la totalidad de sus estudiantes de primer año ya están trabajando en la misma disciplina de la cual quieren graduarse?

Eso sucede con los profesionales archivólogos graduados en la Universidad de Panamá. En cada promoción de licenciatura de Gestión Archivística y carreras técnicas en Gestión Documental y Archivo, se gradúan entre 25 y 30 jóvenes. Todos son ansiosamente buscados por la empresa privada. Nada mal para una profesión de dinosaurios.

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Parte del atractivo de los archivólogos en Panamá, radica precisamente en lo escasos que son. María Centeno,  coordinadora del Sistema Archivístico de la Universidad de Panamá, contó a Noticias 7 Días que en el país solo hay alrededor de mil de estos profesionales.

La archivística o archivología es el estudio teórico y práctico de los principios y procedimientos y de la gestión documental, problemas concernientes al manejo de los documentos de archivo y de las instituciones que los custodian.

“Yo llegué a esta profesión por casualidad”, contó Centeno. “En la facultad que estaba estudiando hubo problemas y cerró. Me sugirieron que hiciera una carrera técnica, y entré a la carrera de técnica en Archivo Administrativo. Al terminar esta carrera, sentí que tenía la necesidad de completarla con informática”.

El gusto por lo que hacía se intensificó, y en 1998 formó parte de la primera promoción de licenciados en Archivología. “Con esta necesidad de ir aprendiendo, fui estudiando y tomando seminarios en Costa Rica y en España”, dijo. “Entonces me enfoqué más en la parte de restauración de documentos”.

Archivóloga
María Centeno. Foto: Cortesía

En 2007, asumió las riendas del sistema archivístico de la UP, y ayuda a crear la Red de Archivos Universitario Centroamericano. También colaboró en establecer una maestría en archivología en esta universidad.

El principal logro de estos profesionales ocurrió al aprobarse la Ley 39 del 2 de diciembre del año 2014, que regula la profesión de archivólogo.

Hoy los bancos, financieras, bufetes de abogados, ministerios, la Contraloría General de la República, entre otras entidades, acogen a cuanto archivólogo esté disponible.

“La archivología no es una disciplina en peligro de extinción. Todos los días salen documentos que deben ser archivados”, comenta. “Una factura, una historia clínica, un certificado de nacimiento”.

“Esta disciplina se tiene muy mal evaluada en el país, porque se siente como que no tiene un valor. Pero esto es por desconocimiento de la disciplina”, relata.

“Si estamos en un bufete de abogados, el archivo tiene mucha importancia. Si estamos en un banco, el archivo tiene mucha importancia. Muchas entidades e instituciones públicas nos están llamando, pues ya se sienten afectados porque que no aguantan tantos documentos”.

“Tenemos que ser más agresivos, hay que escribir”, expresa. “Debemos decir quienes somos, dónde estamos, porque somos muy pasivos”.

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