Candidatos y falta de propuestas

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La bitácora

                                                Por Ebrahim Asvat

Estas elecciones se decidirán exclusivamente sobre la base de las simpatías personales y el partido con la mejor posibilidad de gobernar bien entendido ello, mejorar las condiciones económicas.

Seis de los siete candidatos no alterarán el denominado “establishment panameño”.   El proceso de gobernabilidad no será alterado.  Las diferencias entre candidato a candidato están basadas en argumentos éticos o de mayor o menor transparencia. Fuera de esto nada inusual.   Todos parecen seguir el mismo libreto.  Al electorado las promesas  electorales van en la misma dirección en cuanto a forma.  En cuanto a sustancia nadie ha manifestado nada particularmente relevante.  Mientras discutimos el tipo de constituyente que queremos y la necesidad del mismo a ciencia cierta nadie sabe que debe cambiar y cómo.   ¿Qué propuesta sostiene un candidato frente al otro sobre temas puntuales?    Ya todo resulta un poco esotérico.  Necesitamos una nueva constitución, sin embargo, nadie sabe que queremos en ella o que no nos funciona de la actual.      A ver candidatos,  digan algo por lo menos que impacte.

En muchos países las discusiones nacionales giran sobre la desigualdad entendiéndose por ella el extraordinario beneficio del sistema existente por los sectores económicamente privilegiados.  Es decir, el sistema económico favorece mucho más a los ricos que a los menos afortunados.   El proyecto político necesita ajustes y esto va dirigido a un mejor equilibrio.   En Panamá los sectores económicos relevantes están tranquilos pues los seis candidatos con algún nivel de triunfo van a una contienda electoral sin alterar el status quo.

Igualmente sobre el tema de la desigualdad en el género y su participación en el poder político y económico no parece ser un tema de discusión nacional.

Tampoco parece producirse mucho avance en los derechos civiles de los grupos con distinta preferencia sexual.  En esa materia todos los candidatos se inclinan en mantener el status quo por no herir las susceptibilidades principalmente de las religiones tradicionales y en especial la Iglesia Católica.

Y del Cambio Climático y sus repercusiones, así como la importancia del tema ambiental, la necesidad de preservar nuestros bosques y ordenar nuestras ciudades es materia extraterrestre. Todos queremos cambios y no sabemos qué.  Tenemos angustias por la falta de justicia, el alto costo de la vida, la falta de servicios públicos eficientes, pero ay si alguien propone revolucionarlos, le caemos a golpes.

Por todo lo que nuestro pueblo aparenta ser, seguimos siendo un país extremadamente conservador y poco abierto a las transformaciones o cambios, aunque sean beneficiosos para todos.

Y por mucha crítica expuesta por doquier nuestras elecciones no son de propuestas sino de simpatías.  Hasta las elecciones civiles son un concurso para ser reinas o reyes.

Si echo un vistazo a la historia republicana nacional debemos reconocer la gran deuda de agradecimiento al Liberalismo Nacional quien fue un gran instaurador del Estado Nacional y promotor de grandes avances institucionales.  El conservadurismo panameño siempre estuvo como en toda Latinoamérica muy apegada a la Iglesia Católica, una institución a la cual el cambio revolucionario le ha tomado tiempo dirigir.

Bueno la intención de este artículo es afianzar un poco la tesis Lampedusiana:  “Todo cambia para no cambiar”. Quizás lo que más ruido causa hoy en día es el interés por una revolución ética en la política sin un diseño de transformación nacional.

 

 

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