El Clima de Negocios en Panamá según el Departamento de Estado de los Estados Unidos

23

La bitácora

 Por Ebrahim Asvat

El reporte regular del Departamento de Estado de los Estados Unidos sobre el clima de inversión país por país ha tenido eco en los medios de comunicación en Panamá como siempre sobredimensionando lo negativo y desestimando lo positivo.

A grandes rasgos hay tres temas importantes que destaca el informe sobre Panamá. El primero es sobre corrupción como el reto más grande de Panamá.   Y se alega según el informe por los inversionistas estadounidenses que es una “corrupción rampante” tanto en el sector público como privado.

Esto es una exagerada apreciación de la realidad panameña donde la facilidad para abrir empresas es loable y la transparencia de la información disponible sobre los pasos a seguir materia localizable en las redes.

Corrupción hay en todas partes.  Inclusive en los Estados Unidos. Y con todas estas medidas de retribución económica contra empresas y personas naturales extranjeras que imponen hoy los Estados Unidos escapan de la incertidumbre de si es un lugar seguro para la inversión.  Cualquier inversionista pondría sus barbas en remojos y distanciaría parte de su haber patrimonial hacia otras jurisdicciones lejanas a los Estados Unidos o su moneda.

¿Y cómo se concilia esta afirmación de corrupción rampante a la vez de ser el país con mayor inversión extranjera directa  en Centroamérica?

Muchos “supuestos inversionistas estadounidenses” se quejan por el proceso de titulación de tierras en Panamá.  Empecemos por analizar este tema. La exuberancia tropical y las hermosas playas panameñas han motivado a muchos especuladores e inversionistas extranjeros a comprar derechos posesorios sobre riberas de playas e islas.    No realizan una debida diligencia sobre la validez de dichos derechos posesorios o las limitaciones establecidas por la ley. Compran en forma desesperada y luego se encuentran con litigios, traslapes y limitaciones que no pueden resolver.   Exponen sus inversiones por desconocer las leyes nacionales y luego critican el sistema y el clima de inversión.  Estos casos no son de personas interesadas en invertir sino más bien de apropiarse de extensiones territoriales para especular.  Muchas veces terminan embaucando a otros con proyectos imaginarios sobre áreas sin ningún tipo de infraestructura.

Se hace necesario limitar la posibilidad de titular islas a extranjeros o riberas de playas como otros países lo han hecho. Inclusive restringir la propiedad sobre grandes extensiones territoriales a extranjeros si carecen de un proyecto viable de desarrollo sostenible.

El otro tema es la falta de transparencia en las licitaciones públicas.  Es un hecho la necesidad de reformar la ley de contrataciones públicas y garantizar altos niveles de transparencia.  Pero la pregunta es: ¿Cuántas empresas estadounidenses licitan en Panamá?    Nos ahogan las empresas españolas y de la región latinoamericana (México, Costa Rica, Colombia y Brasil).  No son mejores ni peores, sin embargo, han acaparado casi la totalidad de las obras de infraestructuras desarrolladas en Panamá.

¿La pregunta sería por qué no la pueden hacer las constructoras panameñas?  ¿Por qué deben venir de otras latitudes cuando tenemos la capacidad para realizar estas obras? Y no hablo de obras complejas como El Metro, La expansión del Canal o hidroeléctricas y generadores de electricidad.   Me refiero a escuelas, hospitales, carreteras, acueductos y alcantarillados, soterramiento de cables, aceras.    No hay razón alguna.

El clima de inversiones en Panamá es óptimo. Es perfectible, pero es años luz superior a todos nuestros vecinos desde México hasta Argentina.  A tal punto que muchos creen aquí lo que llega es dinero sucio y por eso crecemos. Se equivocan.  Es nuestra posición geográfica, es nuestra firme convicción que nuestro futuro está integrado al mundo y por eso nuestra economía es abierta. Es nuestra capacidad de aprender de otros y convivir con ellos. No hay mejor país para invertir en Latinoamérica.

Otros tendrán mercados más grandes (Brasil, México, Colombia), pero son extremadamente burocráticos y hasta nacionalistas. A los extranjeros le hacen la vida difícil sin querer queriendo. ¿Nuestros problemas?    Quien no los tienes.  No son de tipo racial, religioso, étnico. Ni la desigualdad económica de la que se pregona producto de una situación general del país.   Somos desiguales por razón de economías paralelas en distinta áreas geográficas que la acentúa la zona de tránsito donde ganarse un dólar es más fácil que en el resto del país.

 

Leave A Reply

Your email address will not be published.