¿Hasta cuándo las escuelas ranchos?

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Por: Avenabet Mercado

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Pareciera que no hay voluntad para acabar con las escuelas ranchos en las zonas rurales de Panamá.

De igual forma, el Ministerio de Educación (MEDUCA) no ofrece soluciones, hay una silenciosa burocracia, que nada hace y tampoco nada crea. El apostolado educativo hoy, se ha transformado en las ventajas políticas, ofrecidas por el partido político de turno en el poder.

El sistema de escolaridad en Panamá necesita poder, pero resulta que ese poder debería ser cultural y de carácter formativo, donde los educadores tengan más dominio para hacer bien su trabajo y con las herramientas adecuadas. Sin embargo, el escenario planteado es otro.

La escolaridad en Panamá necesita poder. Técnicamente podríamos definir el “poder”, como la capacidad de movilizar bienes y valores dentro de una matriz cultural, y podríamos estipular también, que el poder es una condición para el funcionamiento de todos los grupos sociales.

Lo que conviene preguntar, entonces, es: ¿Qué tipo de poder es el que debería tener la escolaridad en Panamá?  ¿Qué tipo de poder es el que necesita la ministra de Educación, ingeniera Marcela Paredes,  para quitar de su lado a unos de los peores poderes, como es la “burocracia“?

Es difícil en el MEDUCA poder silenciar un poder tan corroído, como es la burocracia. Sería interesante ejercer una campaña publicitaria, para erradicar aquellas entidades que se desplazan en forma silenciosa.

No es cuestión de debate en la Asamblea Nacional, es un tema de voluntad administrativa. Hay normas o leyes dentro del sistema que deben ser reformadas. Un buen docente no puede ejercer bien su trabajo porque la burocracia lo ahoga.

Hay escuelas oficiales que en sus bilbliotecas carecen de libros y es peor tampoco  tienen libros de consultas y guías metodológica para que los educadores hagan bien su trabajo. Existen escuelas sin supervisores.

La situación es peor, cuando por la burocracia se dan situaciones administrativas donde reina la lentitud. Se dificulta darle soluciones logística a los docentes que viajan a zonas rurales para ejercer su función.

Los educadores no tiene las facilidades de transporte por una labor administrativa deficiente. En un escenario así de carencias, poder ejercer la autoridad docente es una odisea. El escenario tendría que cambiar. La educación formativa escolar merece otro panorama, donde las acciones operativas favorezcan a los estudiantes y docentes. El sistema global está estrangulado. Todo tiene que cambiar, de no poder la educación siempre tendrá resultados deficientes y mediocres.

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