¿Derecho al honor o derecho a informar?  Esa es la cuestión

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Por  Bernardo San Juan

Recientemente fue puesto en libertad el ex-presidente de Panamá, Ricardo Martinelli,  mediante una sentencia muy cuidadosamente justificada, que deja en pañales menores a la acusación particular y al propio Ministerio Público.

Punto por punto se aclaran todas las incidencias y barrabasadas que se han discernido en el caso de las escuchas, mediante la cual  venía siendo acusado, que no imputado, el ex-presidente de la República;  en la sentencia, no diremos que ejemplar, pero sí clasificadora de acuerdo a lo que hay o existe en AUTOS.

Para los perdedores, es evidente que no es una sentencia ejemplar, y la sociedad de forma jocosa se atreve a manejar cifras con las que piensan compraron las voluntades de los magistrados, como si esto fuera «Chicago; años 20”.

Jamás en ningún país, medianamente civilizado, se ha criticado con tanta dureza y castigo a un tribunal;  situándolo en el epicentro de una sutil corrupción. Jamás otros reconocidos magistrados, han puesto en tela de juicio una sentencia dictada dentro del orden constitucional. Los abogados critican de forma despiadada y retan a aportar pruebas ante  sus compañeros,  pertenecientes al mismo Colegio de Abogados.

¿Qué es esto? ¿Quién defiende a los magistrados de los ataques de carácter social y de la controversia de sus propios compañeros jueces y magistrados? ¿Donde está la presidencia del Colegio de Abogados, que no pone paz y orden entre los abogados? Todos juristas de prestigio, social y culturalmente preparados para ejercer la profesión, que en teoría, deberían ser la más honesta del mundo.

Por eso  el ex presidente Juan Carlos Varela  y su grupo, han hecho un mártir en la persona de Ricardo Martinelli, se violaron sus derechos Jurídicos personales y  no tomaron en cuenta sus enfermedades,  algunas crónicas; más aún, se violaron  los Derechos Humanos. Si a esto sumamos que el acusado, sin ser imputado, es un empresario, un político de relieve y sobre todo ex presidente, ex socio en varias empresas y negocios de su principal detractor Juan Carlos Varela,  impulsor principal de la generación de acusaciones y situaciones incongruentes e imprecisas.

Y algo bien significativo de todo el escenario,   es que  se cumplen las previsiones que hace un año nos explicó uno de sus abogados, experto en Derechos Humanos, Eduardo Camacho «Camachin»,  en los siguientes términos: No existe base jurídica. Todo el proceso fue un fraude al orden constitucional y lo  único que uno saca de todo eso es la venganza de Varela, quien  se creyó el rey del mambo, y ahora ni es rey y menos del mambo;  su reinado paso con más pena que gloria, y solo Dios se lo demandará cuando crea conveniente y prudente.

» Varela, yo te perdono lo que me has hecho. Pero no te perdono lo que le has hecho a Panamá», indicó  Ricardo Martinelli.

Así son las cosas que son así. Ya saben que quien genera vientos recoge tempestades.

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