El cierre del Boulevard de Quilca pone fin a un ciclo para la cultura en Lima

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Fotografía de una librería frente al local que albergaba al Boulevard de Quilca, en Lima (Perú). EFE

Lima, 20 ene (EFE)
Convertido desde hace 20 años en el emblema “underground” de Lima, el cierre del Boulevard de Quilca ha supuesto un trauma para los vendedores y los artistas y ha marcado el fin de una época para la cultura alternativa.
Además de albergar el Boulevard, el jirón Quilca, en el centro histórico de la ciudad, está colmado de librerías y tiendas y es, según el librero Pedro Ponce, un rincón de la “memoria cultural peruana” porque en esta calle se han reunido intelectuales en todas las épocas.
Ponce recordó a Efe que en los años 20 el poeta César Vallejo vivió durante dos años en la zona, que en los 80 hubo encuentros de políticos de todas las facciones y que hasta la actualidad es lugar de reunión de poetas, artistas y bohemios.

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El Boulevard de la Cultura se inauguró hace dos décadas en un terreno que pertenece en parte al Arzobispado de Lima, que en 2008 impuso a los libreros una demanda de desalojo después de que venciera el contrato de alquiler firmado en 1997.
Después de muchas advertencias, el desalojo se efectuó finalmente el pasado 14 de enero, y para Ponce “ha podido más” que el Arzobispado “quiera invertir en un negocio mas rentable”.
El librero aseguró que hay unas sesenta familias afectadas tras el desalojo de este terreno, que tenía principalmente puestos de libros y de música, pero en el que también se vendían camisetas y otros artículos de grupos musicales.
Tanto el jirón Quilca como el Boulevard, que ocupaba media manzana de la calle, ha sido conocido popularmente porque en él se encuentran primeras ediciones, libros descatalogados, antiguos y enciclopedias completas.
También ha sido un rincón para melómanos porque, como explicó a Efe Humberto Velázquez, vendedor de discos, eran muchos los que iban a buscar a su puesto rarezas del folk y del jazz, entre otros géneros.
La librera Jacqueline Chávez afirmó que los vendedores se sienten “desamparados, desubicados” y ahora no tienen “donde trabajar” y no saben “qué hacer”.
Chávez aseguró que los libros que se adquirían en el Boulevard “no se pueden conseguir en otro lado”, y según recordó, son muchos los peruanos que han pasado por allí para comprar bibliografía para tesis doctorales.
Ponce coincidió en resaltar que su situación no pasa solo por “la cuestión de las familias” afectadas, sino que también servían para proveer libros y material cultural “a precios económicos”.
Remarcó que a pesar de que pidieron un proyecto por escrito para conciliar con el Arzobispado, recibieron “a cambio” la orden de desocupar el terreno.
Consultadas por este tema, fuentes de prensa del Arzobispado aseguraron a Efe que “no hay nada de que hablar” al respecto, porque se trató de “un mandato judicial que se ha cumplido y el alquiler no se ha pagado durante tres años”.
La ubicación de la calle, aledaña a la céntrica Plaza San Martín, favoreció a que Quilca sea un lugar de reunión de la contracultura en Perú, ya que en las noches los rockeros y otras tribus urbanas recorren el pasaje.
Ponce añadió que el propósito de los vendedores en estos veinte años fue “transformar un lugar por medio de los libros”, por lo que ahora los afectados planean reuniones para estudiar la situación y su posible reubicación en terrenos cercanos a Quilca.
Por eso, el próximo 23 de enero los miembros de la asociación celebrarán un “quilcazo”, una protesta en la calle que según Ponce ha surgido “de manera espontánea” a través de las redes sociales y en la que habrá música en directo y comparsas para lamentar el cierre del Boulevard.
“Necesitamos que (el arzobispo de Lima) monseñor Cipriani se apiade de la cultura”, concluyó Chávez.
María Clara Montoya.

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