El último sobreviviente del Mercadito de Calidonia

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La misión era conocer un poco sobre los remedios a base de hierbas, pero no hubo mejor inclinación que abordar la vida de un hombre, el único sobreviviente de los primeros fundadores del antiquísimo Mercadito de Calidonia.

Llegar hasta él representó caminar sobre corrientes de aguas servidas y aguantar malos olores.  Era un laberinto, un camino estrecho entre buhoneros y el vaivén de la gente.  Fuera fácil dejar de respirar dos minutos y vendarse los ojos para evitar ver tanta basura regada, indigentes visiblemente enfermos y algunos profundamente dormidos, y cantinas de las cuales entran y salen hombres y mujeres.  Ni hablar del juega vivo para conseguir un busito pirata con ruta hacia el oeste del país, mientras aseguras tu cartera y celular para que no te los “trancen” en medio de la muchedumbre y el tráfico vehicular.IMG_8039 (Copiar)

La historia de Euclides Rentería
Era un escenario postguerra.  Inimaginable pensar que a pocos metros la Cinta Costera vende una cara diferente; sin embargo, el ambiente que rodea el mercadito no impidió que conversáramos con Euclides Rentería Ayala, uno de los 10 hombres que iniciaron puestos de venta de frutas y legumbres de manera informal en parte de la Calle 24, en el corregimiento de Calidonia, al mismo tiempo que las mujeres vendían flores en la Casa Müller, extinto edificio de madera que en tiempos pasados ubicó los mejores comercios de la ciudad.
Euclides llegó de Darién a los 11 años.  Hizo su primaria en la Escuela República de Guatemala y la Escuela Ricardo Miró.  Luego inició primer ciclo -solo un año- en el colegio de Motores Diésel Muñoz, en Calle 17.  Allí aprendió mecánica automotriz.

Omar Torrijos les ayudó
Tras la historia del Mercadito de Calidonia, hubo hombres y mujeres humildes que con mucha persistencia lograron que el General Omar Torrijos les ayudara.  “Nos esforzamos por conseguir esto.  En el 70, la calle pasaba justo por aquí, poníamos cajas de tomates pero la policía nos echaba; hasta que de la necedad hicimos una marcha hasta la comandancia, allí hablamos con Torrijos y él cerró la calle para que pudiéramos vender”, relató.

Desde que abrió oficialmente el mercadito en 1970, Euclides trabaja de lunes a sábado y también algunos domingos.  Con una malla en forma de cocada asegura su puesto de venta una vez finaliza su jornada de trabajo para retirarse a su casa ubicada en Mano de Piedra.

A pesar de la inseguridad en los alrededores del mercadito, Euclides estima que antes robaban bastante.  “Una vez me abrieron el depósito y me robaron toda la mercancía”. Él paga al Municipio dos dólares mensuales por alquiler del puesto y consume un aproximado de 30 dólares en energía eléctrica, junto con dos vendedores más.  Al ser preguntado si las autoridades estaban conscientes de sus condiciones y ambiente de trabajo inseguro, dijo en voz fuerte:  “El representante no viene aquí, solo en tiempo de política”.

El último sobreviviente del Mercadito de Calidonia

Vende el mejor picante
A sus 70 años, Euclides, de contextura delgada y mediana estatura, aún tiene fortaleza física para dedicarse a la venta de cúrcuma y frascos de picante ají chombo, los productos más comprados entre nacionales y extranjeros, especialmente los jamaiquinos.  La cúrcuma es una planta originaria de la India, cuyo rizoma (tallo subterráneo de forma similar a la raíz de jengibre) tiene muchos usos en la cocina oriental, asiática y hasta árabe.  Es una especia de color naranja y muy aromática, de alto poder nutritivo y también es uno de los ingredientes del polvo curry.  Muchos la consideran un buen sustituto del azafrán, tanto que es muy buscada por el buen sabor que aporta en recetas de arroz, pescado, carne y pollo, dijo Euclides.  La cúrcuma la consigue de proveedores de Chilibre y Chiriquí, en el Mercado de Abastos.  Desde la antigüedad se cree que su ingesta ayuda a combatir tumores y tiene propiedades antioxidantes y antiinflamatorias, por eso la gente estima su poder nutritivo y la utiliza por sus numerosas propiedades medicinales.  La investigación en medicina natural sostiene que la curcumina, su ingrediente activo principal, combate células cancerosas, protege el hígado e incluso puede ayudar a combatir el alzhéimer.

El picante que vende Euclides es de los más solicitados por compradores adinerados que hacen pedidos especiales para enviar al Norte.  Tiene frascos de picante licuado y encurtido con ají chombo, cebolla, ajo, mostaza y curry, a diferentes precios dependiendo del tamaño, $1.25 a $2.50 y 0.75 centavos.
También tiene a la venta jengibre y cedrón, una semilla amarga usada para combatir los piojos.  “La pepita se raspa y con eso se lava la cabeza”, explicó.

Parte de la gastronomía caribeña
El tradicional ají chombo o chile, con el cual Euclides hace las conservas, forma parte de toda la gastronomía caribeña, por su sabor fuerte y picante (caliente) para acompañar pescados, sopas y menestras.  En la mesa del panameño no puede faltar, sin él no hay sazón en las comidas.  Muchos creen que consumirlo regularmente es efectivo como afrodisíaco o estimulante sexual.  La medicina natural aduce que los pimientos picantes contienen un componente químico activo llamado capsaicina, que puede hacernos sentir alegres y hasta excitados, porque incrementa la circulación de la sangre gracias al contenido de vitamina C.  Por su rico contenido en vitamina E, es un gran antioxidante.  Es muy usado como descongestionante y analgésico, digestivo, para dolores reumáticos y neuralgias, y también tiene fines terapéuticos como remedio para várices e incluso el alcoholismo.

La historia de Euclides es como la de un soldado que sobrevive una guerra.  Aunque en su vida no ha habido bombas ni cañones, sí ha tenido que ponerse el casco de la sabiduría para vender al menudeo y el chaleco de la seguridad para alimentar a su familia real a real.

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