El grito “Las Malvinas son Argentinas” se sigue clamando

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Buenos Aires, 2 abr (EFE).- Excombatientes y familiares de los caídos en la guerra siguen clamando por unas “Malvinas Argentinas” cuando se cumplen 34 años del inicio del conflicto bélico que enfrentó a Reino Unido con el país austral por la soberanía de este punto estratégico del Atlántico sur.
Argentina desembarcó el 2 de abril de 1982 en un archipiélago desprotegido pero sin una estrategia clara, con lo que cosechó una derrota frente a un poderoso Ejército británico sólo dos meses después.
“Fueron dos meses de un aprendizaje… de un curso acelerado de lo más duro de la vida”, asegura a Efe Fernando Préstamo, excombatiente de la Guerra de Malvinas, todavía hoy con ojos llorosos.
Con sólo 19 años y recién terminado el servicio militar obligatorio de Argentina, Préstamo no dudó ni un minuto, al igual que muchos de sus compañeros, en lanzarse “a la aventura” y cambiarse por los jóvenes que solo contaban con un mes de instrucción militar en el momento del conflicto.
Él fue de los afortunados que logró volver a casa, aunque confiesa que la postguerra “fue más dura que la guerra” sin la ayuda ni el reconocimiento de una sociedad que les consideraba “los loquitos de Malvinas” y que le empujaron a estar “casi 20 años en silencio, peleándola”.
Como parte de una familia de emigrantes, Préstamo tenía fresco el dolor de la última Guerra Civil española (1936-1939), y fue precisamente un tío que había padecido en primera persona el horror de la batalla quien le ayudó a afrontar Malvinas.
“¿Te acuerdas todas las cosas que hablamos de la guerra?” -le preguntó- “Hoy lo viviste vos, viviste más de lo que yo te contaba. Viviste todo el horror de la guerra. De acá en adelante empieza una nueva vida. Eso se guarda en una mochila y se lleva el resto de la vida, pero se camina mirando hacia delante”, agregó.
Unas palabras que este veterano de guerra jamás olvidará y que le ayudaron a sobrellevar una carga que siempre ha evitado traspasar a sus hijos.
Préstamo se salvó, pero 649 soldados argentinos cayeron en los poco más de dos meses que duró la Guerra de Malvinas dejando a cientos de familias quebradas.
Entre ellas, la de Julio Cao, el único voluntario caído en el archipiélago austral.
Su historia marcó un hito en estos 34 años.
Falleció en el último bombardeo antes de la rendición de Argentina el 14 de junio de 1982 dejando una familia rota para siempre y una carta destinada a sus antiguos alumnos que a día de hoy sigue leyéndose cada 2 de abril en las escuelas argentinas.
Cao dejaba a su mujer embarazada de cinco meses, y a pesar de no haber recibido la cédula de convocatoria para ir al frente, sus valores y su vocación de maestro le impedían dejar solos a sus compañeros de pelotón.
“Te parece que un maestro se puede meter debajo de la cama. Cómo voy a hablar de (José de) San Martín y (Manuel) Belgrano -próceres argentinos- a mis alumnos si hoy no voy a defender mi patria. Voy a ir y voy a volver porque son muchos los que tengo para volver”, le dijo antes de partir al frente Julio a su madre, Delmira Cao, quien todavía hoy lo explica a Efe orgullosa.
La anciana asegura que no hubiera podido superar la pérdida de su hijo, “el dolor más grande que una madre puede sentir”, sin estar al lado de los veteranos de guerra.
Una agrupación de excombatientes que ocupó la ausencia de Julio y con la que sigue activamente implicada.
A día de hoy son muchos los excombatientes y familiares que, tras quedar desamparados durante años por gobernantes y convecinos, todavía no pueden afrontar lo sucedido.
Muchos otros, como Delmira y Fernando, han aprendido a superarlo ayudando a terceros contando sus experiencias en escuelas o villas de emergencia.
Ambos coinciden en que la sociedad y la política argentina tiene una deuda con los sobrevivientes de Malvinas: que se les reconozca como héroes nacionales.

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