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Ideas para un nuevo gobierno: Una nueva política migratoria

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La bitácora

Por Ebrahim Asvat

La avalancha de extranjeros que han llegado a Panamá en los últimos diez años ha sido objeto de preocupación por un alto sector de la población panameña. Hay quienes creen que detrás de esto hay xenofobia. Es difícil la xenofobia en un país donde todos tenemos un pariente cercano que ha inmigrado de distintas latitudes del mundo. Lo que motiva alarma y preocupación es cuando el número de nuevos inmigrantes crece y el proceso de absorción se dificulta y compiten con las plazas de trabajo, o cuando las costumbres y hábitos de los inmigrantes son extrañas, así como también los inmigrados tienen una percepción equivocada o peyorativa de su anfitrión.

En Panamá no hay cama para tanta gente. Debemos ser cuidadosos especialmente de quienes entran al país y cuál es su contribución .Esta contribución puede ser por el empeño a trabajar, invertir o contribuir con el desarrollo nacional. Los temas de seguridad son relevantes especialmente cuando las puertas del país con estos procesos de supresión de visados están abiertas para el que quiera. Las razones humanitarias también pueden incidir en una política inmigratoria,  pero no nos debe llevar a generar una crisis interna en el país.

Esa política de crisol de razas generó inseguridad en algunos sectores de la sociedad panameña. El número de indocumentado por primera vez fue de conocimiento público.   Hay plazas de trabajo que hoy en día están en manos de extranjeros.   Desde salones de estética hasta la economía informal. Cuando los buhoneros son extranjeros o los vendedores legumbres o comida son extranjeros entramos en un área de roce con los sectores más marginados de la sociedad que resiente ese nivel de competencia.

Necesitamos una política migratoria cónsona con nuestra realidad y ajena a provocar roces con la población más desprotegida. Es una realidad que un gran sector de la población panameña se encuentra anclada en la economía informal. Por ende, una política migratoria no puede fundamentarse en “puertas abiertas”.  Nos guste o no la primera misión política es con los ciudadanos panameños. Una política migratoria no puede sacrificarla en aras de la nueva tendencia a la globalización o libre movimiento de personas.

Requerimos realizar una revisión de la política inmigratoria abierta hacia países considerados “amigos” que sin muchos requisitos adquieren la residencia panameña.    También entender y evitar la inmigración ilegal y el tráfico de personas por nuestro territorio.   Esto no debe ser un tema para observar y dejar pasar.   Ninguna vida humana debe estar sujeta a ser víctima de traficantes que lucran de estos movimientos de personas. Las políticas de repatriación de personas que ingresan a nuestro país a delinquir deben ser estrictas y los mecanismos de protección de nuestros puertos y aeropuertos lo suficientemente informados para evitar ser penetrados por la delincuencia internacional.   Estamos muy lejos de esos objetivos.

*El doctor Ebrahim Asvat es abogado y  catedrático universitario, también es analista político y escritor

 

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