Una muerte que da vida

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Al aproximarse la Semana Santa, muchos conmemoramos un evento que trasciende en el tiempo, a tal punto que la historia de la humanidad se divide A.C y D.C.

Para estas fechas es cuando más se practican actividades religiosas o simplemente la familia opta por un tiempo de descanso.

Creyentes y no creyentes han escuchado el nombre de Jesús y aún más de su muerte; sin embargo, ¿qué es lo que se celebra y por qué?

Noticias 7 Días entrevistó al reverendo Robert James McCollin, pastor en la Iglesia comunidad apostólica Jesús Rey de Paz, y supervisor de cinco iglesias del Ministerio Hosanna, para responder esta y otras interrogantes. McCollin es ministro ordenado del Concilio de las Asambleas de Dios y tiene 18 años en el pastorado.

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¿Cómo se puede explicar que Jesús fue 100% hombre y 100% Dios?
Primero veamos qué se requiere para ser 100% hombre. Para ser humano se requiere que el varón engendre y la mujer conciba del varón y dé a luz. Según las Escrituras, la mujer fue formada de la costilla del hombre (Génesis 2:22). De modo que la capacidad o el don de engendrar está en el hombre; y en la mujer está el don de concebir del varón, gestar y dar a luz la vida que en ella fue engendrada del varón. La raza humana inicia a partir del varón.

Ahora bien, según el Evangelio de San Mateo Apóstol 1: 18-23, antes de que María y José vivieran juntos se halló que ella “había concebido del Espíritu Santo”, que “lo que en ella es engendrado, es del Espíritu Santo”. Aquí es muy importante prestar atención a lo que dice el apóstol Mateo. Dice que María (la mujer) “concibió”, pero no del hombre, no del varón, sino del Espíritu Santo. Dice porque lo que en ella es “engendrado” del Espíritu Santo es.  Es decir que la vida que en ella fue depositada no lo fue por voluntad de varón, no de hombre terrenal.  Por esa razón el ángel le dice “y lo llamarás por nombre Emanuel, que significa: Dios con nosotros”.

De allí las dos naturalezas de Jesús:
a. 100% Dios porque fue engendrado por el Espíritu Santo. Por eso Jesús no podía pecar, a diferencia de nosotros los hombres, porque su ADN no estaba contaminado por el pecado, puesto que su ADN no era terrenal, sino celestial, su ADN no era humano sino divino.
b. 100% hombre porque fue gestado como todos los demás hombres después de Adán, por la mujer; porque fue criado y educado como hombre y vivió como tal, pero sin pecar como los hombres, lo cual lo diferenció de entre todos los hombres.

¿Por qué no se registra la vida de Jesús en su adolescencia en la Biblia, excepto a los 12 años?
En los Evangelios se registra una sola historia de la niñez de Jesús. Lucas nos cuenta que cuando Jesús tenía doce años, a punto de convertirse en hombre, según la ley judía, fue a Jerusalén con sus padres para celebrar la Pascua. En el viaje de regreso fue echado de menos. María y José volvieron a la ciudad a buscarlo y lo encontraron en el templo. “¿Por qué me buscabais?, les contestó. ¿No sabíais que en los negocios de mi Padre me es necesario estar?”. Ya reconocía a su verdadero Padre.

Niño Jesús enseñando

Al parecer no estaba en los planes de Dios Padre dar a conocer la infancia de Jesús ni su adolescencia, salvo el incidente que se suscitó en Jerusalén cuando sus padres fueron allá a celebrar las fiestas de la Pascua y se percataron al ir de vuelta de que Jesús no venía con la compañía de la caravana. Sus padres regresan a Jerusalén a buscarlo y lo encuentran debatiendo con los maestros y eruditos de la ley. Eso nos da una idea de qué es lo que más hacía Jesús en sus tempranos días (estudiar la palabra de Dios), pues no la hubiera podido vivir y practicar, si no hubiera tenida una vida disciplinada desde su temprana edad.

En la Biblia, no solo se omite la adolescencia y la infancia de Jesús, sino también la de muchos grandes hombres como lo son Moisés, Elías, Eliseo, Abraham (el padre de Israel), Daniel, etc. Dios los guardó a todos para la hora señalada por Él para manifestarlos al mundo. El mismo Jesús, cuya madre ya sabía de lo que era capaz y le dijo en las bodas de Caná que hiciera algo pues el vino se había acabado, le replica a su madre: “mujer, qué tienes conmigo, aún no ha llegado mi hora.”

¿Qué significa la muerte de Jesús y su resurrección?
Después del pecado de Adán y Eva producto de desobedecer a Dios por medio del engaño de la serpiente, Dios declara una serie de maldiciones dirigidas a los tres protagonistas de este evento:
a. Satanás (la serpiente). Génesis 3:14-15, “Y Jehová Dios dijo a la serpiente: Por cuanto esto hiciste, maldita serás entre todas las bestias y entre todos los animales del campo. Sobre tu vientre te arrastrarás y polvo comerás todos los días de tu vida. Pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; esta te herirá en la cabeza, y tú la herirás en el talón”.
b. Eva. Génesis 3:16, “A la mujer dijo; Multiplicaré en gran manera los dolores en tus embarazos, con dolor darás a luz los hijos, tu deseo será para tu marido y él se enseñoreará de ti.”
c. Adán. Génesis 3:17-19, “Y al hombre dijo: —Por cuanto obedeciste a la voz de tu mujer y comiste del árbol de que te mandé diciendo: “No comerás de él”, maldita será la tierra por tu causa; con dolor comerás de ella todos los días de tu vida, espinos y cardos te producirá y comerás plantas del campo. Con el sudor de tu rostro comerás el pan, hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres y al polvo volverás”.

Estas son maldiciones de Dios agregadas a la consecuencia primaria de su desobediencia, la cual introdujo el pecado al mundo y el pecado la muerte, y esta a su vez alcanzó a todos los hombres.   “Por cuanto todos pecaron”, como dice el Apóstol Pablo.

De manera que la raza humana estaba condenada a la muerte. Luego Dios introduce los mandamientos de ley dada a Moisés, para que por medio de la obediencia a esta norma el ser humano heredara la vida eterna, la cual había perdido en el huerto del Edén. Pero el ser humano no podía cumplir la ley por su condición carnal y pecaminosa. El Apóstol Pablo nos ilustra en su carta a los Romanos diciéndonos que la ley es espiritual y nosotros carnales, por ende vendidos al pecado. Lo cual significa que no la podíamos cumplir para heredar la vida eterna. Sin embargo, Pablo concluye el capítulo 7 de Romanos diciendo gracias doy a Dios por Jesucristo. ¿Por qué lo dice? Porque Jesucristo es la propiciación de Dios para el pecado de la raza humana.

En otras palabras, el ser humano estaba en deuda con Dios por haberle ofendido desobedeciéndole en el huerto del Edén y acarreando sobre si la sentencia de muerte. Pues Dios les había dicho que de todo árbol del huerto podían comer, menos del árbol que estaba en medio del huerto. Que el día que de ese árbol comieran (desobedeciéndole) sin duda alguna ese día morirían.
Por lo tanto, el ser humano necesitaba a alguien que pudiera cumplir toda la ley y ofrendar su vida en sacrificio a Dios para de esa manera pagar la deuda del hombre con Dios (el justo por los pecadores). Y el apóstol Juan dice en el capítulo 3:16 de su Evangelio: “Porque de tal manera amo Dios al mundo, que ha dado a su hijo unigénito para que todo aquel que en Él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”.

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El significado: Venir al mundo, cumplir la ley de Dios, y expiar en su pasión y muerte, los pecados de la raza humana, poniéndonos así en paz para con Dios, a todo aquel que lo confiesa en su vida y lo reciba como su Señor y Dios y único salvador.

En Juan 11:25-26 Jesús dice:  “Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?”.

La garantía de la promesa de la vida eterna radica en la promesa de resurrección de Jesucristo de entre los muertos. Él había demostrado en vida que tenía autoridad y potestad sobre la vida y la muerte, pues había sanado a muchos milagrosamente y resucitado a varios recatándoles de la muerte y regresándolos a la vida. Pero él no había sido el único en resucitar muertos y sanar enfermos, antes de él lo habían hecho los profetas Elías y Eliseo, pero ellos nunca habían dicho que resucitarían de entre los muertos.  Jesús en vida le dijo a los escribas y fariseos que él tenía el poder de dar su vida y tomarla de nuevo, refiriéndose a su muerte y resurrección.  También dijo proféticamente “destruyan este templo y en tres días lo levantaré”, refiriéndose a su propio cuerpo como templo al cual la muerte no podría destruir, y que al tercer día lo resucitaría de entre los muertos, lo cual hizo.

¿Qué beneficios trajo la muerte de Cristo a la humanidad?
El primer beneficio es que pagó nuestra deuda para con Dios, dándonos salvación y vida eterna. El profeta Isaías dijo que ciertamente llevó él nuestras enfermedades y sufrió nuestros dolores; herido fue por nuestra rebelión y molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz Dios se lo cargó a él.

Jesús nos da la oportunidad de reconciliarnos con Dios y experimentar una nueva vida en él, como dice 2 Corintios 5:17-18: “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es: las cosas viejas pasaron; he aquí, todas son hechas nuevas. Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por medio de Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación”.

Cristo nos da la bendición de acercarnos a él y refugiarnos en él y recibir su bendiciones. Mateo 11:28 dice: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar”.

Jesucristo nos enseñó a amar a nuestros enemigos y a perdonar a los que nos ofenden y agravian. Nos enseñó a ser humildes y ayudar al necesitado, a compartir con los que menos o nada tienen. Son muchos los beneficios que trajo y enseñó a la raza humana.

¿Como debemos recordarlo, como vivo o como muerto?                                                           La Biblia registra la crucifixión, la muerte y la resurrección de Jesús y su ascensión al cielo. En el Evangelio según San Juan, en el capítulo 14, Jesús menciona unas seis veces que él va al Padre refiriéndose a Dios Padre. Y en ese mismo capítulo promete su segunda venida, cuando le dice a sus  discípulos “un poco más y no me veréis, y un poquito más y me veréis porque yo voy al Padre”. En el verso 28 de este capitulo 14, les dijo “habéis oído que voy y vuelvo”. Una vez más refiriéndose a su ascenso al Padre y su segunda venida a este mundo. Por lo cual, a Jesús no se le puede recordar como muerto, sino como vivo.

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