La botadera de funcionarios cada cinco años

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Por Ebrahim Asvat

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Yo siempre he tenido sentimientos encontrados con esa práctica de destituir a funcionarios nombrados por el gobierno anterior.   Yo puedo entender que existan algunos cargos de libre disposición del ministro o director de turno.   Pero el resto de los funcionarios de una institución sufren la ausencia de estabilidad laboral en el cargo.  Cada cinco años viven angustiados si serán víctimas de un despido.

Detrás de cada funcionario hay una familia panameña dependiente de esos recursos económicos.   Como podemos esperar lealtad y compromiso de los funcionarios con su institución si viven constantemente bajo una angustia de ese tipo.   Me ha tocado ver personal meritorio, calificado, becado por la institución a quien luego de un cambio de gobierno le toca entrar en la lista de los destituidos.

No hay forma que las instituciones públicas adquieran niveles de eficiencia y servicio con esta práctica.   No podemos esperar lealtad y compromiso de un funcionario cuando no está seguro si su labor es plenamente valorada por sus méritos y no porque partido fue nombrado.  Algunos prefieren no ser ascendidos a posiciones de mando o supervisión porque los exponen a ser guillotinados al terminar un mandato presidencial.

En Panamá, se habla de funcionarios de carrera y puedo afirmar que ni eso respetan.   Destituyen por doquier con el único afán de nombrar allegados o partidarios como si el Estado fuese un pastel que se reparte a pedazos.   Ya hoy apenas 3 de julio empezaron las destituciones. Cada nuevo director o ministro empezará labores despotricando contra la administración anterior para justificar sus nombramientos.  Ha sido la práctica consuetudinaria vivida en los últimos ciento y tantos años de vida republicana.   Y mientras eso siga ocurriendo no esperemos gobiernos eficientes.

La eficiencia en la administración pública se adquiere con los años de experiencia. Nosotros cada cinco años como Sísifo empezamos de abajo hacia arriba.  No me refiero en este escrito a las botellas o los corruptos o a los vagos o incompetentes.  Me refiero a todos aquellos que por una u otra razón fueron nombrados y realizan una excelente labor por la institución y sin razón alguna que lo justifique,  la destituyen porque alguien quiere su puesto.

A mí eso me provoca tristeza y no sé cómo se puede remediar esto a menos que la orden provenga de arriba hacia abajo y además por una vez se estructure debidamente la carrera administrativa y se le otorgue la necesaria estabilidad laborar a los funcionarios.  La otra opción.  será que cada institución pública se formalice un Sindicato de trabajadores.  Ya el gobierno anterior les abrió el compás a algunas instituciones públicas.   Veremos si instituciones como la Caja de Ahorros, El Banco Nacional, el Banco de Desarrollo Agropecuario, Tocumen S.A., Etesa, Ena entre otros lo pueden lograr.

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