La corrupción: Un problema de otros

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La bitácora

Por Ebrahim Asvat

De conformidad con la Real Academia de la Lengua Española corrupción en la organización, especialmente en la pública es la práctica consistente en la utilización de funciones y medios de que aquellas en provecho económico, o de otra índole, de sus gestores. La corrupción en las organizaciones públicas se propaga cuando todos se sienten con licencia,  de acuerdo a su rango, para manejarse dentro de unos niveles de corrupción  porque tanto el cargo como el ejemplo de los superiores así lo toleran.

En el ejercicio de las funciones públicas en Panamá el 99.9% de los funcionarios son corruptos.  No solo por razón del entorno consensuado dentro del aparato burocrático en la cual laboran sino también por el grado de expectativa de la población general que el propio poder de decisión discrecional del funcionario  permite producir resultados. Me resulta repugnante las declaraciones de políticos que se limitan a ver la corrupción como un problema constitucional o de cambios estructurales en la forma de gobierno representativo.  Son tan falsos como un billete de tres.

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¿Es la corrupción o deshonestidad de los funcionarios algo controlable? Veamos la corrupción como lo ven los economistas. Un tema de costo y beneficio.   La corrupción es una práctica reiterada en la medida que el costo sea menor al beneficio. Si es difícil que te atrapen o te castiguen las probabilidades de cometer actos de corrupción aumentan.

En Panamá muchos ven la corrupción desde la perspectiva de la falta de vigilancia, procesos penales deficientes en su objetivo de condenar a los culpables y sentencias ligeras.     Para lograr contener la corrupción tendríamos que crear un estricto sistema de vigilancia nacional y sentencias severas sin consideración o misericordia. Pero sería algo así factible.  ¿Qué tal si el comportamiento humano hacia la corrupción es un tema social?  Es decir, imitamos el comportamiento de otros en circunstancias similares y este comportamiento luego se va diseminando a través de todo el colectivo como algo natural.

Dr.  Ariely,  un psicólogo y catedrático de economía conductual de la Universidad de Duke en los Estados Unidos,  es el autor de un libro titulado “The (Honest) truth about Dishonesty.  How we lie to everyones especially to ourselves.”

Jimmy un niño de ocho años llega a casa con un nota de la maestra señalándolo que le robó un lápiz a otro compañero de clase. El padre de Jimmy furioso le espeta lo decepcionado que está de esa conducta y lo castiga en casa por dos semanas sin poder salir. Al final le dice a Jimmy: “Si necesitabas un lápiz porque no me lo pediste . Yo te hubiera podido  traer docenas de lápices de la oficina donde trabajo”

Pedro perdió las llaves de su casa y llamó a un cerrajero calificado para que le abriera la puerta. En segundos lo hizo. Pedro quedo impresionado y así se lo manifestó al cerrajero.  Este le dio una clase de moralidad.  Las cerraduras son para mantener a la gente honesta, honesta. Un porciento (yo diría 10%) de la población siempre será honesta y nunca robaría.  El otro 1% (yo diría también el 10%) siempre será deshonesta y te robará no importa cuanta cerraduras tengas.   Es el 98% (yo diría el 80%) del que debes asegurarte que permanezcan honestas. Esos se verán tentados si ven que tus puertas no tienen cerraduras.

 

 

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