La doble moral de Angélica Maytín

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Dagoberto Franco

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Debo confesar que sentía mucha admiración por la Licda. Angélica Maytín, por su compromiso y perseverancia para denunciar los actos de corrupción y la falta de transparencia en la administración pública. Por ello, pensé que su nombramiento como zarina anticorrupción iba a representar un giro de 360 grados en la actuación de la ANTAI, porque a pesar de las limitaciones legales de esta institución, tendría la valentía de investigar por igual y sin importar la condición política o económica de los involucrados.

Pero la realidad ha sido otra, porque la hoy zarina, antes de ser nombrada estaba todos los días en todos los medios denunciando la corrupción y la falta de transparencia. Sin embargo, ahora no se le ve en los medios. Peor aún, ha sido objeto de muchos cuestionamientos porque está incurriendo en las mismas prácticas que tanto les criticó a los funcionarios de las administraciones pasadas, como son los constantes viajes al exterior. Y curiosamente, ella que tanto criticó, ahora no tolera las críticas, por lo que sale visiblemente alterada y enfadada a desmentir los cuestionamientos en su contra.

La gota que derramó el vaso, y que vino a ratificar la doble moral de Angélica Maytín, fue las amenazas que le hizo al periodista James Aparicio, director del diario Metro Libre, por publicar una noticia en la que cuestionó la enorme cantidad de viajes que ha realizado al extranjero. Hace más de un año publiqué dos artículos bajo el título: ¿PARA QUÉ SIRVE LA ZARINA ANTICORRUPCIÓN?, en los que externaba mi opinión en cuanto a que la ANTAI es un organismo inoperante, que al final es más ruido que nueces, porque en la práctica no se ve su efectividad.

La realidad es que todos los zares y zarinas Anticorrupción terminan plegándose a los intereses del Ejecutivo. De manera que, por un lado actúan con una laxitud cómplice con los allegados al poder, y, por el otro, abren investigaciones injustificadas, con lo cual hacen denotar que están luchando contra la corrupción. Las dos zarinas que antecedieron a la actual, pasaron por ese cargo sin penas ni gloria, pero al menos no llamaron la atención de la población con tantos fuegos artificiales para exhibir sin ninguna justificación a algunos funcionarios con el único fin de aparentar que está trabajando.

El 21 de octubre del 2006 publiqué en un diario de la localidad un artículo con el título: ¿Para qué sirve la zarina Anticorrupción?, refiriéndome a la zarina Alma Montenegro de Fletcher. En ese entonces escribí: “El CNTCC (se refiere al Consejo Nacional de Transparencia Contra la Corrupción) es otro de los tantos organismos que solo sirven para enriquecer a unos cuantos funcionarios a costa del erario. De ahí, que el nombramiento de la nueva zarina Anticorrupción ha pasado sin penas ni gloria; aunque con más penas que glorias, por la denuncia pública que hizo la presidenta ejecutiva de Transparencia Internacional Angélica Maytín, precisamente por la inoperancia de este consejo y los costos excesivos en personal que nada aportan a la lucha contra la corrupción”.

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