La Filipina, agua del cielo para refrescar

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Olvídese de que han acortado el tiempo de las “mojaderas” o la capacidad de los cisterna con agua sacada de quién sabe dónde en plena sequía. Irse a sofocar entre el tumulto de gente o esperar que le caiga un caño de agua es tan absurdo, por no decir tonto, cuando tenemos cascadas tan cerca a pocos kilómetros de la ciudad capital con agua pura de manantial y en medio de exuberante naturaleza.

La Filipina que no es de Manny Pacquiao
En esta ocasión decidimos explorar La Filipina, no el país asiático, sino un poblado ubicado en el corregimiento de Sorá, distrito de Chame. Aunque lo habíamos visitado hace seis años, en ese tiempo desistimos de conocer sus caídas de agua por temor a exponer a las pequeñas niñas.

Desde entonces hemos escuchado hablar tanto de su famosa cascada que, en este inicio de verano, nos animamos a conocerla en una experiencia ecoturística con ciertos grados de dificultad, pero que valió la pena emprender hasta con mascota incluida.

Inicia la experiencia 
El sábado 30 de enero, pese al cansancio a causa de una ardua semana de trabajo, nos levantamos bien temprano a preparar nuestras mochilas con los artículos indispensables de camping, un lunch ligero y un termo con mucha agua. Así bien “guerrilleros” partimos hacia nuestro destino sin dejar de hacer escala obligada en Quesos Chela para desayunar una deliciosa empanada con chicha de tamarindo y miel.

Luego de recorrer una hora por carretera y con la ayuda de “Google Maps”, llegamos a la entrada de Bejuco, que nos conduciría directo a Sorá. Ahí pudimos observar un constante movimiento de gente a pie, en busitos y taxis.

Manejamos 24 km de calle asfaltada hasta llegar al poblado, mientras disfrutábamos de una vista espectacular del relieve de montaña propio del lugar. Antes nos bajamos en una ferretería a comprar un machete, por si se nos aparecía una culebra o para abrir trocha y seguir el sendero. Allí aprovechamos para preguntarle a una bien informada vendedora sobre la cascada, indicándonos que estábamos cerca y era fácil encontrar un guía bien dispuesto.

Una vez en la bifurcación donde se encuentra la única estación de policía, siguiendo las señalizaciones, giramos hacia la derecha y más adelante a la izquierda, en dirección hacia la comunidad residencial Altos del María, hasta llegar a un letrero que nos indicaría que La Filipina quedaba a la derecha.

Aire puro de montaña
Notamos de inmediato el aire puro y la brisa fresca y agradable acariciando nuestros rostros. Tan encantados con la hermosa vista engalanada con pinos canadienses, guayacanes, veraneras, vacas pastando y una finca de crías de pollo y a lo lejos los imponentes cerros Picacho del lado izquierdo y Chichibalí hacia el fondo, casi no sentimos que a partir de allí el camino era de tierra, pero de fácil acceso hasta para un osado auto “Picanto” que nos encontramos en el camino.

Al llegar a la escuela primaria de La Filipina, nos estacionamos al frente sin nadie que nos orientara, salvo unos contratistas que se encontraban en el lugar cumpliendo con el proyecto estatal “0 letrina”, quienes nos dijeron que siguiéramos indagando en este pueblo aparentemente desconocido, pero que fue visitado en 2002 por los astros del cine John Travolta y Samuel L. Jackson para filmar escenas de la película de acción “Basic” por el paisaje y gran biodiversidad que ofrece, según reportaron las noticias de espectáculo en ese momento.

Pocos minutos después, inesperadamente, nos dio la bienvenida un labrador crema que ladraba cada vez más fuerte al notar la presencia de nuestro especial acompañante, un labrador negro muy resuelto en salir a jugar. En seguida, un amable lugareño que venía detrás en busca del perro salió a nuestro encuentro, resultando ser uno de los guías, nieto del propietario de la casa cuyo inmenso patio debíamos atravesar primero para iniciar nuestra caminata.

Habla el cuidador de las cascadas con más de 200 nietos
Nos acercamos al dueño de la casa para conocerlo y pedir permiso. Héctor Navarro es su nombre y tiene 84 años de vivir en el lugar. Estaba acompañado de su nieto Jonathan Hernández Navarro, de 18 años, uno de los casi 200 nietos y bisnietos que dice tener, y de sus mejores amigos, cinco perros muy vigilantes.

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Don Héctor Navarro y su nieto Jonathan.

Iniciamos una amena tertulia suficiente con don Héctor, quien es originario de La Filipina y está casado con doña Delia Vega, con quien tuvo 12 hijos, uno de ellos ya fallecido. Su vida diaria inicia desde las 6:00 de la mañana, desayunando una buena taza de café con pan y regando las hortalizas que él mismo ha sembrado; a media mañana toma una siesta para luego almorzar, ver TVN noticias, pasar el resto de la tarde en su humilde garaje de zinc, esperar la cena y escuchar juegos de béisbol en Radio Panamericana.

Ver las cascadas cuesta $2.00
Cuando finalmente le explicamos nuestras intenciones de explorar el lugar, don Héctor nos informó que debíamos pagar 2.00 dólares por adulto (los niños son gratis) para la conservación del lugar, poniéndonos en las buenas manos de su nieto Jonathan, quien nos guió desde de la parte trasera de la casa en búsqueda de las cascadas.

Emprendimos en seguida nuestro recorrido por un camino pedregoso, rodeado de árboles frutales entre ellos naranjos, mandarinas y aguacates. Primero atravesamos un riachuelo que ya nos daba la idea cuán fría estaría el agua montaña arriba sin contaminación ni residuos de basura.

Mientras subíamos una loma, pasamos por una mina de lajas, en tonalidades azul, rojizo y chocolate, apiladas a ambos lados del camino, donde cinco tíos de Jonathan trabajan de lunes a viernes para venderlas a los extranjeros que viven en el área.

La primera cascada
Dejábamos atrás los rastros de las llantas de los “pick up” que nunca vimos pasar y de aquí ascendimos por una pendiente angosta, pero corta. A lo lejos un sonido de orquesta nos endulzaba los oídos, eran las corrientes de aguas al caer. Desde arriba avistamos la primera cascada, fue una sensación de gozo entremezclado con ansias luego de caminar por 15 minutos. Ya queríamos descender a disfrutar del agua pura que caía de una altura aproximada de 25 metros y que desconocíamos existiera.

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Cascada de aprox. 25 metros.

Ya abajo, caminamos cuidadosamente entre las rocas y nos zambullimos en sus frías y limpias aguas con un torrente ideal para masajear la espalda. El primero en hacerlo fue nuestro intrépido labrador que corría sin parar al mismo tiempo que entraba y salía del chorro expresando de esta manera su contentura.

Árboles de 100 años
Disfrutando del ambiente natural, pisamos con cuidado de no romper una fila de arrieras que diligentemente llevaban su carga proveniente de un árbol que calculan los lugareños tiene 100 años de vida. De pronto, una hermosa mariposa morphoazul se paseaba muy galante como dándonos la bienvenida al lugar y le tomamos foto con nuestro teléfono móvil, lo único que podíamos hacer al no contar con señal.

Mariposa 2 (Copiar)
Mariposa Morpho
Mariposa 1 (Copiar)
Su color azul metálico se debe a la luz que reflejan las millones de escamas microscópicas que cubren sus alas.

Los saltos de La Filipina, unas 40 cascadas
No habían pasado ni 20 minutos deleitándonos en el chorro y la exuberante vegetación que le rodeaba, cuando vimos que Jonathan subió cual gato ágil otra pendiente más empinada. Así como subió, bajó velozmente y nos invitó a conocer, para nuestra sorpresa, otro chorro. Sí, habían más cascadas montaña adentro, según el joven guía, una serie como de 40 chorros conocidos como Los Saltos de La Filipina.

Cual adolescentes aventureros no dudamos en aceptar tan atractiva propuesta, dejando atrás nuestras pertenencias para hacer más ligera la escalada y sin pensar los años encima. Solo nos aseguramos de llevar una botella con agua, el lunch y por supuesto la cámara fotográfica.

Verdadera acción “A prueba de todo”
A medida que subíamos por una pendiente cada vez más estrecha, el clima se tornaba más fresco y el camino más complicado, hasta que logramos llegar a la segunda cascada tan hermosa como la primera, pero de menor altitud y aguas poco profundas.

Sin importarnos el grado de dificultad al que nos enfrentábamos, seguimos escalando por otras pendientes más peligrosas, pero compensaban el olor refrescante a eucalipto, las orquídeas color fucsia que sobresalían del verdoso paisaje y una libélula gigante como sacada de Animal Planet, tan sorprendidos no dudamos en tomarle una foto.

Libélula 2 (Copiar)
Libélula gigante.

Las bellezas que nos aguardaban eran impensables hasta que llegamos a tres preciosas cascadas menos elevadas, formando pequeños pozos y algunos toboganes naturales que nos invitaban a deslizarnos y darnos un buen chapuzón. Mientras, una rana de cristal oculta entre el verdor nos observaba como silente testigo de ser los únicos visitantes en el lugar.

Rana de cristal
Rana de cristal, nativa de los bosques de América, desde México hasta Panamá.

Pendiente empinada
Desde este punto, le hicimos caso a nuestro experimentado guía para subir hacia la próxima cascada, sin pensar en lo accidentado de la pendiente tanto que por momentos sentimos vértigo y ya empezamos a preocuparnos cómo descenderíamos al primer chorro que habíamos dejado atrás hacía 20 minutos.

Esta vez la travesía fue más corta, pero de mayor riesgo, pues ya pisábamos un terreno que fácilmente se desmoronaba y no contaba con lianas ni ramas para sostenernos. El ver a nuestra valiente mascota acompañarnos todo este tiempo nos animaba a continuar por este sendero casi impenetrable. Entretanto, el trinar de las aves y el fuerte sonido de las aguas cayendo ambientaban nuestro intrépido ascenso, el cual hubiera resultado más fácil de haber traído la cuerda que olvidamos abajo.

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Cascada de aprox. 45 metros.

La preocupación se evaporó cuando quedamos boquiabiertos ante la imponente cascada que vislumbrábamos enfrente. Calculamos tiene una altura de 45 metros. Al aproximarnos, de pronto divisamos entre los grandes árboles un búho justo al lado del chorro. Simplemente hermoso el escenario natural que apreciábamos y que nos hizo departir sobre los maravillosos tesoros que esconde nuestro país, perfectos para hacer camping y senderismo. El tiempo parecía detenerse cuando las líneas de agua nos salpicaban por el correr de la brisa fresca que nos alcanzaba. ¿Cómo no darse un buen chapuzón ante semejante espectáculo inimaginable tan cerca de la ciudad? Por momentos se nos olvidaba la temperatura del agua fría a punto de nevera.

Anécdotas de un guía turístico
Una vez allí, aprovechamos para reponer aire y fuerzas, tomar agua y merendar tuna con galleta. En tanto, el risueño Jonathan, un joven culto y bien instruido en el tema medioambiental, nos narraba todas sus anécdotas escalando las cascadas con extranjeros alpinistas que ha acompañado mucho más arriba hasta en invierno, época en la cual la neblina se hace más espesa y el caudal de las aguas es más fuerte y abundante.

Un día, nos relató, se encontró cara a cara con un tigrillo pero al parecer el que tenía más temor era el animal porque se espantó. Durante sus años siendo guía ecoturístico ha podido disfrutar de una fauna rica y variada. Se ha topado con armadillos, azulejos, tucanes, ranas arborícolas y hasta ranas doradas, las cuales son difíciles de encontrar pues tristemente se han ido extinguiendo. Cuenta Jonathan que hasta de National Geographic venían a atraparlas para llevarlas al extranjero a reproducirse.

Con ganas de superarse

Jonathan ya terminó sus estudios secundarios, pero a tan corta edad sabe tanto de temas de agricultura y jardinería que tal parece todo un profesional. Es el tercero de ocho hermanos, entre cuatro varones y tres mujeres. Por este año tiene pensado trabajar con su mamá en el cultivo de cebollina, perejil, mostaza, albahaca, guandú, plátano, maíz, arroz y pixvae, y también de plantas medicinales como ruda para el dolor de oído, menta, también de uso gastronómico y la guanábana, cuyos hojas hervidas sirven para los dolores estomacales.

Sin dejar de seguir sus estudios universitarios, a futuro quiere dedicarse a la cría de pollos para comercializarlos en los poblados de La Filipina y Sorá; reiniciar la crianza de cerdos, los cuales requieren de cuidados especiales; construir un miniestanque para la siembra de tilapia y almeja; y cultivar orquídeas como Flor del Espíritu Santo, Flor de Drácula y Lluvia de Fuego, tan comunes en los alrededores.

De regreso
Luego de descansar un rato, cuando ya nos alcanzaba la tarde, empezamos a descender por bajadas extremas sujetándonos a las rocas, raíces y palos que pudimos encontrar con cuidado de no pincharnos con las espinas que sobresalían de algunos arbustos. Por momentos preferimos arrastrarnos antes que caernos por esas pendientes extremas y hasta lanzar barranco abajo el cartucho que contenía la basura y la botella de agua con tal de mantener las manos libres. El perro atrás sujetado por el guía, al vernos en semejante situación de peligro, ladraba sin cesar como queriéndose lanzar para alcanzarnos.

Una experiencia para recordar
Finalmente llegamos a la primera cascada, tan felices de haber explorado seis de las tantas que existen en el lugar y con la esperanza de regresar nuevamente. Nos dimos el último baño para quitarnos los rastros de tierra y luego preparar nuestra partida asegurándonos de dejar el área limpia.

Con esta rica experiencia comprobamos que no es necesario ir tan lejos para conocer las riquezas naturales de nuestro bello Panamá. Jonathan también nos invitó a practicar senderismo en otra oportunidad al peñón La Filipina, Manglarito, y de camino hacia Sorá en hermosos sitios turísticos como El Nanzal y Los Cajones.

Le animamos a disfrutar en familia o entre amigos un fin de semana diferente sin gastar mucho. Si no cuenta con auto, solo debe tomar un bus desde la terminal de Albrook que lo lleve directo a la entrada de Bejuco, en Chame. Hacia la derecha hay una piquera de buses con ruta hasta el poblado de Sorá. Desde allí, el señor Christian hace ruta hacia a La Filipina por solo un $1.00.

No olvide llevar vestido de baño, zapatillas apropiadas y una mochila con implementos básicos para practicar senderismo.  La experiencia no tiene precio!!!

 

https://www.youtube.com/watch?v=vQjtxbwkD4s

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