La vida de políticos y funcionarios

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Dr. Ebrahim Asvat

La bitácora

Por Ebrahim Asvat

Ser político, ser funcionario o ser empleado del sector privado es incorporarte a una estructura de la cual resulta muy difícil desprenderte.  Quien labora en el gobierno siempre verá su universo dentro de la estructura gubernamental y siempre velará por mantenerse dentro de la misma. Saltar al sector privado o iniciar un proyecto empresarial está fuera de su capacidad de entendimiento.  Para ser burócrata y acostumbrarse a vivir como burócrata no es un pecado.  El burócrata se somete a un estilo de trabajo, un estilo de vida y a un fin determinado.  Su actuación está dentro del engranaje legal y es el fundamento y la base de su función.   

Cuando hay cambio de gobierno hay un número de burócratas que pierden sus empleos. Estos ,cuando el gobierno no es de su partido político pasan como dicen “El Niágara en bicicletas”.  Los años fuera del gobierno son períodos de crisis familiar y económica.    Y muchos de ellos podrán haber sido entrenados, enviados a cursos especializados, optado por becas de superación profesional, pero nada de esto les sirve si su partido pierde el poder. Van para la calle. El electorado los incrimina como “botellas”, “vagos”, “gente a quien le toca estar fuera de la papa. Un salario gubernamental es identificado como una “papa” y si son varios los familiares en situación similar, es decir trabajando en el gobierno, la situación es peor.  Desde “nepotismo” hasta “rosca”, “mafia” y cualquier otro epíteto peyorativo.   

El ser “político” si bien una aspiración noble tiene el mismo efecto ante la población.  Quien ingresa a la política y ejerce un cargo de elección popular debe dejar su carrera profesional y escoger una estructura donde se quiere incorporar. Una vez que ingresa y conoce el universo político y todo lo que debe construir para sostener el apoyo popular para el cargo le es muy difícil salir de ella e incorporarse a otra estructura como medio de vida y superación. El salto es brusco y riesgoso.   Es por ello por lo que los triunfadores en los procesos electorales pretenden vivir dentro de la estructura política y construyen su futuro dentro de ese universo.

Hacer vida en la burocracia o la política tiene sus ventajas para los países. Se puede contar con gente preparada y experimentada en los asuntos de gobierno y en adelantar las agendas nacionales.   La experiencia en el manejo dentro del engranaje burocrático es un activo importante.  Igualmente, la experiencia política ayuda a lograr entendimientos que adelantan la agenda del país. Hoy en día por razón de ciertas ineficiencias del sistema burocrático, la sed de justicia y la forma como se manejan los políticos electos frente a su electorado nos hemos dedicado a ir en contra de todos ellos.   Una nueva camada de ciudadanos que entren en la estructura burocrática o política de por sí no lograrán los niveles de eficiencia burocrática requerida, ni tampoco desmantelarán la relación simbiótica existente entre diputados, Presidente de la República y electorado. A decir verdad, todos forman parte de un mismo engranaje operativo.

Somos más propensos a vilipendiar a los diputados y no al Presidente , quien en última instancia tiene el bolso del Tesoro Nacional a su disposición y es el que distribuye las dádivas. Y menos el Contralor, a quien le corresponde fiscalizar las cuentas nacionales. Pero ¿por qué tanta quinina contra los diputados y la reelección? Porque son de nuestro mismo estrato económico y social y ahora como políticos (no empleados o pequeños empresarios) y a través del asalto al erario se enriquecen e insultan nuestras limitaciones económicas y nivel de vida.  Son unos pretensiosos proyectando su mejor vida a diario y eso se torna intolerable. En Panamá otros roban millones, pero no son del barrio, no son de los sectores populares o clase media y pasan desapercibidos.  La verdadera lacra corrupta nacional se sabe esconder y disfrazar.

 

 

 

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