Libertad de expresión, el dilema de los medios

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Abdel Fuentes

Este 3 de mayo se conmemora el Día Mundial de la libertad de Prensa. El lema elegido por la Unesco –Organización para la Educación, la Ciencia y la Cultura- que encabeza esta conmemoración es: “Mentes críticas para tiempos críticos”. El objetivo del lema es que los medios progresen en dirección hacia sociedades más pacíficas, justas e inclusivas. El lema también apunta a pensar en el descenso de los medios, marcado por un decrecimiento en las audiencias y los ingresos, una creciente desconexión con la gente y la propagación de noticias falsas.

Si el lema de este año es una invitación a los medios para enfrentar esos problemas, también debería serlo para formular autocríticas en cuanto al tipo de periodismo y contenido de entretenimiento que presentan a sus audiencias y que motivan descontento en esos perceptores.

La libertad de prensa suele entenderse en similar contexto al de la libertad de expresión. La referencia siempre se sustenta en el artículo 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. “Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión. Este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión”.

Según el citado artículo, la opinión y expresión del individuo es un derecho. No es negociable que el humano sea molestado, incomodado, discriminado o perseguido por su opinión, pensamiento o ideología. Pero ese pensamiento u opinión siempre debe exponerse en el ámbito del respeto y la verdad.

La opinión y la expresión de un sujeto nunca deben interpretarse como una excusa para agredir, difamar o enturbiar la reputación de una persona, o cualquier organización colectiva. Ello explica la idea de que la opinión debe sustentarse en hechos verificables, más allá de conjeturas o rumores. Al respecto abundan los casos de jurisprudencia, convenios y acuerdos que interpretan adecuadamente el artículo 19.

Periodistas, directivos de medios y civiles han sido condenados por interpretar de manera errónea la libertad de expresión. Las mentiras que son publicadas en los medios tradicionales y los denominados nuevos medios, entiéndase plataformas digitales y redes sociales, es un claro ejemplo de esa distorsión a la libertad de expresión.

En el espíritu del citado artículo 19, también se consagra como un derecho el recibir y compartir información. Hay una clara alusión a evitar la censura en la información en cualquiera de sus expresiones. Impedir que el periodista investigue y divulgue ciertos contenidos que contravengan los intereses mercantiles de la empresa, o del Gobierno, es una de las diversas expresiones de esa censura informativa que atenta contra la libertad de expresión.

Hace poco abundaban las campañas y notas informativas alusivas a la conmemoración del “Día Internacional de la Madre Tierra”. Es propicio contrastar esos mensajes con el derecho a la información, el derecho a la vida y el derecho a la libertad de expresión.

Pocas veces los medios sitúan su matriz informativa en los trastornos que las grandes multinacionales provocan a la naturaleza y el crimen cometido contra seres humanos. Los medios piden a la población no contaminar, y cuidar la naturaleza, pero muy poco denuncian con similar vehemencia la agresión y el crimen que poderosos empresarios perpetran contra los ecosistemas, el ambiente y los consumidores de productos naturales corrompidos con químicos nocivos para la salud.

El caso de la India en Bhopal, es emblemático. En diciembre de 1984 explotó la fábrica de pesticidas de la empresa estadounidense Union Carbide Corporation. Según Greenpeace, los habitantes de esta empobrecida comunidad recibieron un baño de gases venenosos y mortales de 40 toneladas. Entre las sustancias letales se mencionan; isocianato de metilo y cianuro de hidrógeno. El hecho ha sido considerado por la ONG canadiense como el peor desastre químico de la historia del mundo. Al tercer día de ocurrido el suceso, 8 mil personas habían muerto.

A casi 33 años de la tragedia, es muy poco lo que esta poderosa corporación ha hecho. En la actualidad siguen naciendo niños con las secuelas del envenenamiento. Son los vástagos condenados a portar en sus cuerpos deficiencias genéticas debido al baño letal que recibieron sus padres biológicos. Y pese a que la fábrica ya no existe, el subsuelo fue permeado con el veneno, las aguas permanecen contaminadas y sus pobladores la siguen consumiendo.

Según una nota de la ONG, Greenpeace que publica el medio Rebelión en Internet, en enero de 2004, la empresa procuró abandonar su responsabilidad por los daños ocasionados, pero posteriormente pagó una indemnización, 470 millones de dólares, que parece muy poco, comparado con el daño permanente que continúa provocando en las víctimas, incluyendo la muerte de los pobladores de Bhopal. La información de la ONG en Rebelión agrega que el resarcimiento económico fue parte de un acuerdo no judicial, aceptado por el gobierno de la India en 1989. Hoy, a casi 33 años de la desgracia, hay personas con veneno en su flujo sanguíneo.

Según una publicación reciente del medio Confidencial en la web, la adquisición que hizo Dow Chemical de Union Carbide en 2001, no ha repercutido en los temas de responsabilidad empresarial.

¿Cuánta cobertura le han dedicado los grandes medios a esta mortandad que no se detiene? ¿Qué importancia ha tenido este tema sobre el derecho a la información? ¿Qué viralidad ha logrado en las famosas redes sociales? ¿Acaso esta gente es menos humana o digna de vivir que las víctimas de Siria, afectadas por gases químicos?

Con el surgimiento de las nuevas tecnologías de la información y el desarrollo de Internet, se ha expandido lo que algunos periodistas denominan anarquía informativa. La gente que antes no tenía voz en los medios tradicionales hoy si la tiene. Algunos solo repiten las mentiras que ven en las redes y medios digitales y otros logran encontrar la información que algunos medios tradicionales ocultan y distorsionan.

Volviendo al lema de conmemoración, “mentes críticas para tiempos críticos”, Naciones Unidas anota de manera acertada y objetiva la propagación de noticias falsas en el contexto de hechos políticos que tuvieron lugar durante el 2016, sin embargo, esa proliferación de informaciones infundadas, también encuentran registro este 2017 en diversos escenarios del acontecer mundial. Desde los sucesos que se registran en Siria, Oriente Medio y Europa, hasta los conflictos políticos de América Latina.

Los aportes y análisis que presenta el periodista Pascual Serrano, en torno a lo que ocurre en Venezuela, confirman el tema de la diseminación de informaciones falsas.

El portal de Internet en Venezuela, Ciudad CCS Revolución a diario, comparte las revelaciones del fotógrafo y periodista español Santiago Donaire, en torno a la oferta que recibió de varios medios españoles para que trabajara coberturas falsas con intención de demostrar que existía una relación entre el partido izquierdista Podemos de España y el Gobierno venezolano.

El medio latinoamericano Telesur, publicó hace poco una información en la que periodistas de la agencia británica Reuters reconocieron que existen focos de violencia, vandalismo y criminalidad en las protestas que la oposición venezolana denomina pacíficas.

La denominada prensa independiente que muchos medios tradicionales tanto pregonan, es tan solo un fantasma. Los intereses que imponen la pauta publicitaria y el modelo de medio de comunicación como empresa lucrativa, hacen imposible hablar de una prensa libre e independiente en esos medios tradicionales.

El medio como una herramienta de formación y entretenimiento saludable de la sociedad, es algo del pasado, debido a la globalización y la expansión del modelo económico mundial, como anota Ignacio Ramonet.

Desde hace mucho tiempo atrás hacia el presente, el papel crítico y de denuncia de la prensa, ante los desmanes cometidos por gobiernos dictatoriales y democráticos, las multinacionales y la gran banca mundial, ha ido desapareciendo, como bien apunta Ramonet. Regularmente el costo lo han pagado con sus vidas los periodistas.

La apertura tecnológica también ha permitido que periodistas, sin independencia, puedan ejercer la verdadera expresión de la prensa libre. La oportunidad que hoy le ofrece Internet al periodista es el espacio ideal para profesar una prensa independiente, una mejor aproximación a la verdad, y a la libertad de expresión.

Una prensa que no está sujeta a la amenaza del patrono, porque el periodista se atreve a romper la agenda que imponen las grandes agencias internacionales de noticias y los enquistados consorcios mediáticos que amenazan las democracias de nuestros países. Solo en ese contexto de un ejercicio, profesional y ético, será plausible conmemorar, en el marco de un pensamiento crítico y responsable, el Día Mundial de la Libertad de Prensa.

El autor es periodista y docente universitario.

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