Los salves y la regadera

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 Medios políticos para continuar el status quo.

La bitácora

 Por : Ebrahim Asvat         

 

Es muy común la opinión de doctos politólogos y economistas desvirtuar las políticas de subsidio a los sectores populares. El reparto de subsidios es visto como un aliciente a la holgazanería. Desincentivar el trabajo remunerado. Promover a los NINIS. Todos estos epítetos no tienen la menor incidencia en los sectores populares.

Al fin y al cabo en el reparto de los bienes públicos todos saben que los de arriban disfrutan de las mieles del poder y a los de abajo bajo presión les toca algo. Mientras los de arriba se reparten contratos, concesiones, licitaciones y negocios y a la vez puedan mantener engrasados a los sectores populares desinflan cualquier posibilidad de explosión social. Ese es el gran contrato social de la nación panameña.

Por eso la marcada desigualdad económica tan cacareada por los organismos internacionales no es cónsona con los índices de felicidad de las naciones. Somos un pueblo feliz a pesar de las desigualdades y ambos “ranking” van de la mano. Yo soy un fervoroso creyente en que mientras la maquinita del Canal de Panamá siga generando buenos ingresos (cada día más) la paz social se garantiza con subsidios estatales. Que a la luz del tamaño del presupuesto nacional, los subsidios son ínfimos.

El sistema estructurado de reparto por vía de subsidios sostiene tanto la estabilidad política y mantiene la vida política en el gatopardismo. No fue un desacierto cuando el Presidente de la República declaró en un evento popular que había plata para repartir. Que la plata salía de todas partes y era gratis para los sectores populares. Esa gratuidad es un mecanismo para comprar estabilidad y es aplaudida en el país del que hay para mí. No contribuye a resolver el grave problema de la desigualdad pero le da una sensación de alivio a los sectores populares. Es algo así como cuando al gran señor del pueblo se le cae un billete de cinco dólares y tú pones el pie para asegurarlo. Tú mundo se te trastoca ese día y sientes ganar algo.

Los paliativos son actos de beneficencia del gran patrón o cacique y los sectores populares se lo pelean aunque no lo saquen de su miseria pues es importante permanecer en la miseria para recibirlos. Entonces toda la problemática se convierte en un círculo vicioso donde la relación simbiótica hace ver el beneficio mutuo sin entender que detrás del mismo existe una insatisfacción profunda que no se agota ni se resuelve.

Por eso mediáticamente hablando dejemos de calificar a los receptores y concentremos nuestra atención en las causas. Mientras el Estado sea deficiente en la propuesta educativa y las necesidades de salud de los ciudadanos, los subsidios son los paliativos que compensan el fracaso de los derechos sociales. Pero además de los subsidios hay algo más de lo que nadie quiere hablar.

Es el sistema de la regadera donde la política y el poder es un mecanismo que acomoda a familias enteras en las planillas gubernamentales. Y lo vemos por la alternancia del poder político en la vida económica de los miembros de los dos partidos más importantes. Viven una especie de cinco años de bonanza y cinco años de sequía. Cinco años de vacas gordas y cinco años de vacas flacas usando el ejemplo bíblico.

La corrupción en Panamá no se manifiesta únicamente en los negocios de los políticos con sus respectivas coimas o repartos. Es también como fluye a través de los paliativos para silenciar los malestares populares y la práctica del acomodo familiar cuando el partido conquista el poder político. Nadie escapa a todo este entramado. Tirios y Troyanos. Parte de la idiosincrasia nacional. No somos europeos.

 

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