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Malabarismo, arte callejero en el interior del país

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Es mediodía, el sol pica, y acaba de cambiar el semáforo a luz roja frente a la terminal de buses en la ciudad de Santiago de Veraguas. Es hora de comenzar el show.

Frente a una larga fila de autos, dos jóvenes malabaristas, uno panameño y otro salvadoreño, hacen gala de todo su arte callejero.

‘El Fakir’

El primer turno es para Olanquiler Iglesias, alias “El Fakir”, de origen guna y con 27 años de edad. Viste un sombrero negro que deja ver sus trenzas al estilo rasta, un chaleco colorido, camisa y pantalones a cuadro.

Con una sonrisa entusiasta, al mismo tiempo que maneja un monociclo, sostiene en perfecto equilibrio una cuchara con una bola y en ocasiones también cuatro machetes.

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El Fakir.

 

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Le tomó tres meses maniobrar el monociclo.

Cada vez que cambia la luz, repite la rutina durante todo el día, sacando tiempo para descansar, tomar agua y comer.

Desde los 17 años aprendió el malabarismo con mucha práctica en su andar por la calle con sus compañeros de viaje por todo Panamá.

De paso por cinco meses
De estilo rasta y con túneles de oreja, Jesús Márquez, originario de El Salvador, es otro joven malabarista y amigo de “El Fakir”. Lo conoce desde que tenía 22 años.

Jesús tenía 5 años que no venía a Panamá, llegó hace un mes y piensa quedarse solo cinco meses. No sabe qué hará después.

Es hora del show. A pesar del cansancio visible, saluda amablemente al público. Acto seguido se monta a un monociclo para maniobrar con seis mazas (bastones de malabarismo) a la vez y una cuchara sosteniendo una pelota.

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Jesús Márquez.

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Junto a él, una compañera “gringa” toca el tambor mientras se presenta con personalidad y estilo.

El joven salvadoreño también se dedica a la joyería y la música. Tiene como escenarios improvisados diferentes lugares como restaurantes, playas y hasta cumpleaños y bodas.

Desde los 20 años practica sus técnicas y ha compartido con otros malabaristas. “El tiempo fue mi maestro”, dijo.

Trabajar mientras viajas
El malabarismo es “un tipo de trabajo que hace que el viajar se convierta en tu trabajo y coincide con disfrutar de diversas situaciones que se presentan en el viaje”, manifestó el extranjero, muy seguro por la experiencia que ha tenido.

Jesús, al igual que “El Fakir” y la gringa duermen donde la noche los agarre. Ese día su posada sería detrás de una frutería frente al semáforo, donde no les cobrarían.

“Aquí en Panamá el negocio está bueno, si lo comparo con mi país hay más oportunidades y hay menos competencia de lo que hago. Allá en El Salvador hay muchos y a la gente se le hace normal porque son bastantes, aquí son pocos y todavía es una novedad”.

Sin salario fijo ni seguro
Los malabaristas entran en el grupo de trabajadores vulnerables que enfrentan condiciones de trabajo inseguras, sin salario fijo ni seguridad social.

Diariamente están expuestos a muchos riesgos, pero este tipo de arte es su modo de subsistencia y una forma de vida para ganarse algo.

Su apariencia no tiene nada que ver con sus destrezas. No son drogadictos ni ladrones.
Algunos lo hacen por puro amor al arte, viajar por lugares diversos y trabajar haciendo lo que les gusta.

Da para vivir
Al final del show y antes que cambie la luz, pasan rápido entre los carros con la esperanza de recoger algunos “martinellis”. Su única competencia son los teléfonos móviles que distraen a los conductores.

La expectativa está en quién baja o no las ventanas. El público pone el precio dependiendo si le gustó o no el espectáculo.

A diario estos jóvenes artistas emprenden su trabajo durante largas horas. La ganancia depende de cada día. Logran recaudar en días buenos hasta $100 y en días “malos” unos $30, dinero suficiente para pagarse sus tres platos de comida y un lugar para dormir.

“Se disfruta, sirve para vivir, para mí no hay días malos gracias a Dios, solo hay que meterle gana, dijo muy optimista el salvadoreño.

El escenario y su público
Al no tener acceso a otro espacio, los artistas son comunes verlos en las salidas de los mall, parques y las principales calles del país.

Para ellos lo más importante es entretener a la gente, siempre con buen humor. Para eso desarrollan sus técnicas entrenando a diario y creando sus propios trucos para ofrecer un espectáculo variado y novedoso.

Además del sofocante sol, tienen que soportar indiferencias, desagrados, insultos y malas palabras, pero aún así siempre ofrecen un amable gracias.

El malabarismo ya es parte del espectáculo urbano. Es cuestión de tiempo que la cultura del panameño logre apreciar y aceptar este arte.

https://www.youtube.com/watch?v=Gu1IgTJo540

 

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