Bien cuida’o viste de Florsheim

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Viste con zapatos de marca, come como un presidente y vive en un área privilegiada en el centro de la ciudad, pero su cama está lejos de ser como la de un príncipe. Sobre la acera, un polifón con un par de sábanas y una frazada impregnadas con olor fuerte a orina es lo único que tiene para dormir. Su tendedero es una baranda de seguridad y dos cubos que se convirtieron en su guardarropa, mientras que unos cartones son la puerta de un zapatero con una amplia variedad de calzados finos para todo tipo de ocasión que ha ido coleccionando como regalo de algunos clientes, quienes le confían el cuidado de sus autos en un estacionamiento a pocos metros del Ministerio de Salud.

Su nombre es Ario Marín Brenes, un panameño muy amigable y risueño que se siente feliz de vivir así como está. Desde 1985 es un ‘bien cuida’o. En la época de los gringos trabajaba de 5:30 a.m. hasta 11:30 p.m. y se hacía al día hasta 150 dólares. El 18 de marzo cumplirá 64 años. Tiene un hijo y ya es abuelo.

Estudió soldadura en Chapala
Al acercarnos, se encontraba recogiendo semillas de roble, nos dio la bienvenida a lo que él llama orgullosamente su hogar, donde ha vivido a la intemperie por años bajo lluvia y el IMG_8019 (Copiar)Sol, teniendo como únicos compañeros de vivienda iguanas, ardillas, aves y árboles. Al preguntarle cómo sobrevive a la lluvia y al mundo, expresó de manera jocosa “Yo soy acuaman”.

Marín no es analfabeto, solo que las malas decisiones y adicciones del pasado lo llevaron a vivir en la calle. Se graduó en la Escuela Vocacional Chapala. Recordando sus años de juventud rebelde, llevándose las manos a la cabeza -con una gran cicatriz producto de un accidente- en señal de sorpresa, exclamó: “Ay Dios mío… Yo no quería ir a la escuela, pero mi tío (Jorge Brenes) que fue guardaespaldas del General Omar Torrijos me dijo ‘te voy a ayudar para que tengas una profesión'”. En Chapala aprendió el oficio de soldador, haciendo placas para autos.

Se embarcó como marino
Su carrera académica no termina aquí. En 1974 se graduó de la antigua Escuela Náutica de Panamá como marinero de máquinas aceitero. Al día siguiente de casarse por lo civil, se embarcó. “Me fueron a buscar a mi casa, tocaron la puerta y cuando abro ¡Qué lío!… Gaspar me dijo: Marín, te necesito urgente, te vas para Japón”, relató en detalle como si hubiese sido ayer. Tres años demoró embarcado. Para nuestra sorpresa, habla japonés y también griego, gracias a Dios -como dijo- aprendió en sus viajes por Japón y Grecia, y por toda Centroamérica.

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Marín también trabajó en la Autoridad Portuaria como marinero. Navegaba el Atlántico de Colón a Bocas del Toro por 18 horas en embarcaciones que llevaban ganado, cemento, azúcar y sal. Un día, “cuando me tocó dormir en la parte de abajo, no sorporté las patadas que daban esos animales (toros y vacas)… me cansé, aquí me han venido a buscar”, relató. Desde pescador debajo del Puente de Las Américas hasta empacador de revoltura (pescado de segunda) se dedicó en un tiempo este personaje originario de Santiago, provincia de Veraguas.

Toca profundo las drogas, pero ahora la ha dejado
A los 24 años, Marín fue inducido al mundo de las drogas. Con mucha vergüenza dijo “un tipo me brindó, la probé y me gustó”. Así fue la primera vez, luego se convirtió en una adicción que lo llevó a la indigencia, pasando por varios albergues, entre ellos Remar (Rehabilitación y Reinserción de Marginados), y mucha consejería pastoral. “Gracias a la fuerza de voluntad y con la ayuda de Dios dejé eso”, aseguró Marín, quien se crió en el barrio de El Marañón y también vivió en el barrio de Santa Cruz, hasta llegar a dormir completamente en la calle.

Amigo de un expresidente
De hambre no se muere. “Cuando me pica yo le meto”, expresó. Con lo recaudado en la paga de autos a su cuidado, entre 20 y 40 dólares diarios, consigue comida a $2 .00 en un restaurante cercano conocido como “Ven y Paga”. La comida no le roba el sueño a Marín, pues tiene como vecino y amigo al expresidente Martín Torrijos, quien le envía comida con su escolta. “Martín me trae comida porque yo me porto bien y cualquier trabajo que le haga yo no le cobro, él me ha ayudado bastante y me aconseja mucho”. Hasta chuleta de puerco a la plancha con ensalada de papas de la cocina del expresidente ha degustado Marín. Torrijos le ha llegado a dar hasta 200 dólares. Lo conoce bien, pues ha trabajado como mensajero de Torrijos y de la esposa en publicitaria Tony Fergo.

Iguana a la barbacoa
En otras ocasiones, rodeado de tanta vegetación, propia del área del corregimiento de Ancón, fácilmente caza iguanas con la ayuda de una liga y un balín. Cocinarlas no es mayor problema, usa como parrilla una tapa de alcantarilla a altas temperaturas por la exposición fuerte al Sol en época seca.

En esta era tecnológica, Marín no ha quedado rezagado. Ha tenido más de 10 celulares, pero por culpa de la bebida los perdió. Hoy felizmente dice que es libre de vicios. “Ya ni juego lotería”, dijo. Él sabe invertir su tiempo y de vez en cuando se recrea yendo al cine de Albrook.

Hombres como Marín son los sobrevivientes verdaderos de la “selva de cemento”. A las fieras salvajes que se enfrenta a diario son los hombres que andan haciendo el mal y, aunque no se ha topado con “Juanito Alimaña”, narra su historia a todo aquel que quiera platicar con él en su casa: un polifón, un par de sábanas y tres cartuchos.

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