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Nuevo dispositivo de lectura para ciegos

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México / EFE

El braille puede tener contadas las horas como sistema único de lectura para invidentes con los nuevos dispositivos de inteligencia artificial que ponen toda la biblioteca a su disposición, asegura a Efe Jorge Grajales, escritor mexicano que padece debilidad visual.

“Con los avances de la tecnología creo que el braille puede tener sus días contados, y no es que sea malo”, asegura a Efe Grajales, quien es autor, junto con el ilustrador Bernardo Fernández, del cómic “Sensus. El Universo en sus ojos”, dirigido a la población con desventaja visual.

Grajales apunta al tamaño de los libros para ciegos y el poco volumen y disposición que existe en las bibliotecas para exponer las ventajas del dispositivo de lectura que desde hace casi seis meses tiene adherido a sus anteojos.

Por ahora, considera que lo mejor es utilizar tanto el sistema del francés Louis Braille para ciegos y al mismo tiempo la nueva tecnología, que tiene un enorme potencial en países como México, con 1,2 millones de habitantes invidentes o con debilidades visuales.

“El braille es importante para que el discapacitado pueda escribir expresamente, pero el hecho de que esta inteligencia artificial esté disponible y de acceso a cualquier tipo de texto va a ser que quede en una posición limitada”, explica.

Afectado por queratocono, patología degenerativa de la córnea que causa visión borrosa y dificultad para usar ordenador o ver televisión, entre otros efectos, Grajales es uno de los primeros 50 mexicanos en contar con un dispositivo denominado “MyEye 2.0”.

Este dispositivo, que tiene un peso de 22,5 gramos, se coloca en una de las varillas de los anteojos e incluye un micrófono que se coloca en la oreja para los comandos de voz.

En el mercado mexicano se pueden adquirir varias versiones del programa por un precio que va desde 2,500 a 4,500 dólares.

Grajales explicó que el aparato le ha ofrecido una mejora total en su vida, no solo en el aspecto de trabajo en los medios de comunicación, sino también en situaciones tan comunes como el poder leer el menú de una cafetería.

Foto: EFE

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