Problemas en la economía intangible

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Opinión
Maribel Gordón

Maribel Gordón C. / Economista / Vicepresidenta del FAD

Para el 2014 los indicadores internacionales establecían que el 62% del valor de las empresas cotizadas del mundo transitan en la economía intangible, en el 2015 el 80% del valor de las compañías son intangibles.

Algunos economistas plantean que nos encontramos, sobre todo con la globalización neoliberal, en un nuevo ciclo económico, el de la “economía de los intangibles”. La base estructural de este nuevo contexto reside en la abrumadora proporción que corresponde a los intangibles en el valor total de las empresas frente a los activos y recursos tangibles (20%).

En la década del ochenta, surge el interés por los intangibles, explicado por tres fuerzas: económicas (intensificación de la competencia comercial de los grandes capitales causada por la globalización); política (desregularización de ciertos sectores de la economía) y tecnológica (desarrollo de la tecnología de la información: internet).

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En el 2003, J. Arriola y L. Vasapollo advertían que lo que se estaba consolidando en la economía globalizada polarizada, no era solo el predominio de un nuevo sistema productivo no localizado, sino también una nueva acumulación de capital, “de acumulación flexible”, basada en el predominio financiero en la economía y el uso masivo del capital intangible de los recursos inmateriales (conciencia, información, comunicación), que les garantice a la economía polarizada (monopólicas) máximas ganancias.

Este nuevo sistema financiero especulativo neoliberal provocó una serie de consecuencias a nivel mundial: conjunción del debilitamiento de los estados nacionales, globalización financiera, polarización social regresiva, que dan lugar al enriquecimiento y consumismo desmedido de la cúpula superior de la sociedad, alentando la evasión fiscal hacia los paraísos fiscales, el curso cada vez más especulativo del sistema financiero, la inversión productiva a corto plazo, el incremento gigantesco del endeudamiento y las peores formas del individualismo y las conductas antisociales.

Ello conducirá a una enorme movilización internacional de fondos fiduciarios con fines especulativos y a la multiplicación y diversificación de los fondos especulativos de inversión y su conversión en los principales intermediarios financieros.

El resultante final, tal como señala l. Álvarez, se traduciría en dos nuevos fenómenos de importancia mundial que constituirán el aspecto central del llamado proceso de financiarización: la aparición de la llamada “Banca en la Sombra” y  el atesoramiento clandestino e ilícito (“fugas de capital”) de enormes sumas de dinero hacia los Paraísos Fiscales (hoy en franca competencia), sea para evasión fiscal o lavado de dinero a nivel internacional. Este hecho sustrae enormes recursos, no solo al control público y el uso productivo y social de los mismos, sino que es en sí mismo un hecho delictivo del que son beneficiarios o cómplices los dirigentes, ideólogos o instituciones del neoliberalismo.

La urgencia en la protección y fortalecimiento de este valor explota en 2007 con la crisis financiera, económica y de ruptura de la confianza en las instituciones, los gobiernos y las empresas” (Edelman Trust Barometer 2007-2014).

Bajo esta lupa debe evaluarse los hechos que han saltado a la luz pública en los últimos días. El escándalo de los paraísos fiscales, refleja la rapiña de un sistema que coloca la máxima ganancia por encima de la ética y el bien común; que legaliza la ilegalidad, que compite por administrar los “negocios” más allá de si estos son lícitos o ilícitos. Los llamados “Papeles de Panamá”, no reflejan la conducta de los panameños, pero si una vez más evidencio la conducta de la élite local, de la mafiocracia (empresarios, gobierno y “políticos”), que mancillando el nacionalismo que caracteriza al pueblo panameño pretenden esconder su conducta deshonesta y antiética. No abrigamos muchas esperanzas en una investigación seria, pero si la exigimos.

Para finalizar, en esta economía globalizada, hay hechos y realidades tangibles e intangibles, donde se castiga cosas tangibles (salud, seguridad social, pensiones, salarios y sueldos, educación, etc.) por miedos intangibles (intereses, inflación, deuda, déficit).

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