¿Por qué se rechazaron los acuerdos de paz en Colombia?

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La bitácora

Ebrahim Asvat 

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No es agradable caer en la definición de un “Monday Morning Quaterback” .  Es el nombre impuesto  a aquellos que el día siguiente al juego de futbol americano  dicen como hubiesen actuado o qué estrategia hubieran impuesto para ganar el partido o critican los errores de los jugadores y técnicos.   La frase cae como anillo al dedo a los analistas del día siguiente.  Son en realidad muchos y todos pretendiendo conocer algo de lo  analizado.   En el caso del acuerdo de paz con Colombia por lo menos exigiría leer las 297 páginas contenidas en el documento.  La mayoría de los analistas como los votantes estoy seguro no se tomaron la molestia de saber de qué se trataba a profundidad.   Todos se hicieron sus propias opiniones de lo leído u oído en los espacios públicos.  Pero  estoy seguro  que la poca participación en el proceso de votación no se le puede atribuir a una marcada antipatía del electorado.  Más bien creo,  se debe a una marcada decepción con los acuerdos.    Los que votaron no y los que no fueron a votar no lo hicieron porque quieren la guerra.    En mi opinión no quieren un acto de rendición del Estado Colombiano a la FARC como tampoco un seguro a la impunidad frente a las atrocidades cometidas en los últimos cincuenta y dos años.    Los acuerdos tenían varios puntos sensibles que daban una sensación de rendición.  Entre ellos la garantía a diez curules fijos a la FARC en los órganos legislativos,  la privilegiada financiación económica como nuevo partido político vis a vis los existentes.   La inmunidad al narcotráfico como delito conexo,  la posibilidad de correr a cargos públicos mientras los imputados sea  procesados por delitos graves, la limitación de las penas y la posibilidad de cumplirlas mediante arrestos domiciliarios o movimientos restrictivos a la libertad de tránsito.  No era un acuerdo asimilable fácilmente y requería un proceso de cicatrización de marcadas heridas sociales antes de dar el paso necesario.   Durante el período de tres años y nueve meses de negociaciones no hubo mucha divulgación de las discusiones.  Siempre se vio por la población como un proceso de la esfera de los grupos políticos.  No era tampoco aceptada la extraordinaria preponderancia otorgada a la FARC como un equivalente en el marco de las naciones a un protagonista de primer orden.  En mi opinión Santos fue por el estrellato y terminó estrellado.  Colombia hoy es el ridículo internacional luego de comprometer a tantas naciones en este proceso y no tener a su propia población comprometida.   Habrá que retomar el tema pues ninguna guerra es mejor a una paz condicionada.  Los plebiscitos para tener validez deben contar con la participación de por lo menos el 50% de los electorados para ser válidos.   El plebiscito colombiano ha demostrado las enormes divergencias en su población sobre el tema según región y clase social.  Esto sin embargo es algo que los gobernantes debieron saber.   Para Panamá existe la necesidad de prepararse pues  con acuerdos o sin acuerdos la incertidumbre en Colombia puede  acentuar las  consecuencias en materia de seguridad, inmigración y narcotráfico

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