Dias Patrios

Transparencia y licitaciones públicas

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Ideas para un nuevo gobierno

La bitácora

Ebrahim Asvat

Se reforma la ley y sigue la trampa.  En Panamá participar en una licitación pública es andar con una mano adelante y una atrás.  Nada te da garantías de una igualdad de condiciones para todos.    Los Presidentes y Ministros tienen sus favoritos.  En algunas instituciones la trampa es hasta descarada.   Hoy se juega con la comisión evaluadora.  Es quien califica y puede degradar a una multinacional como darle toda la puntuación a una sociedad de papel.   Y esa comisión evaluadora la conforman miembros de la propia institución.

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Es decir, subordinados del ministro de turno.  Como pretendemos garantizar transparencia cuando la decisión de saber quién entra y quién sale de la licitación por calificación se delega a funcionarios subordinados.   En otras a allegados del gobierno.    Hay que reconocer la capacidad extraordinaria para la trampa en manos de nuestros nacionales.   Tírate al piso en el precio para ganar y luego pides equilibrio contractual o adendas al contrato para salirte con la tuya.   De esta manera te zafas de perder.  Es una situación ganar, ganar.    Descalifican a los verdaderos, entran los tramposos, te tiras al piso en el precio y luego buscas la forma de resolver el diferencial. En Panamá todas las licitaciones se sostienen bajo estas prácticas.  Es lamentable, pero es la práctica.

Hay instituciones que se declaran sociedades anónimas y crean sus propias reglas.  Tocumen es un ejemplo de la peor tragedia corrupta en el país. Allí toda pasa con un salve, una relación.  Solo observemos como los gobernantes nombran a sus más asiduos allegados a que dirijan la institución. Una gran pantalla.

Lástima que la OECD no ha llegado con las listas negras de países por procesos de licitación corruptas.  Estaríamos entre los primeros.   La otra institución marcada por su opacidad es la Autoridad Marítima de Panamá. Entrar en el negocio marítimo es un tema de permisos y licencias. Esto solo se logra con el beneplácito de su Director.   El sistema es igual a la antigua andanza monárquica inglesa. Iniciar una empresa de capital público requería del beneplácito del monarca a través de un “chárter”. Pues igual práctica es la que se requiere en los negocios marítimos.

Estos son temas invisibles para la opinión pública pues Pablo Pueblo ni se entera ni esta entre sus preocupaciones inmediatas. Y cuando entramos en las licitaciones de infraestructuras (carreteras, edificaciones,) necesitas padrino, contactos, relaciones y algo más.   Aquí nadie se inmutó por seguir ofertando a Odebretch nuevos contratos, nuevos proyectos.   Borrón y cuenta nueva.   Pagas una multa, haces un acuerdo de delación premiada y que siga la fiesta.

¿Habrá alguna forma de detener todo esto?   Si las hay, sin embargo, sin voluntad política nada se puede lograr.   Los cambios funcionaran cuando exista un compromiso con la honestidad, la transparencia y una igualdad de condiciones para todos en los procesos de licitación pública. Sin ello, no hay ley que detenga la trampa.

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