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Un regalo extraordinario

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Pastor E. Durán Espino

Sorpresivamente, fui objeto de un regalo extraordinario por parte de un grupo de cineastas llamado “Mente Pública”, pues me propusieron llevarme a la Comarca Ngäbe-Bugle, lugar donde trabajé por muchos años y que soñaba volver a visitar, pero debido a mi edad y a mi pobre sueldito de jubilado, se me hacía imposible volver allá. El grupo de cineastas “Mente Pública”, compuesto por Fany, Elisa, Enrique, Beto y Said me obsequió este regalo, y precisamente en los días que yo estaba de cumpleaños, pues nací un 3 de agosto de 1947 (este 3 de agosto pasado cumpli 71 años de edad).

Gracias a Fe y Alegría, institución de los jesuitas, dedicada a la educación popular y a la promoción social, fui llevado a trabajar a la comarca en 1985. Trabajé primeramente como tutor de un internado para estudiantes ngäbe-bugles ubicado en la ciudad de San Félix (Chiriquí) y posteriormente acompañé a un grupo de originarios ngäbe-bugles realizando seminarios sobre cooperativismo y producción, en las montañas de la comarca, por lo que llegué a hacer muchas amistades, y no solo conocí muchos lugares sino también muchas personas y también sobre la cultura (historias, cuentos, idioma, folklore), de aquellas comunidades, por lo que Fe y Alegría me publicó un libro sobre historias, cuentos y costumbres originarias. El libro de titula: “Por las sendas de nuestros antepasados”.  Por tal motivo, el mencionado grupo de cineastas, me solicitó que los acompañara a esta comarca, pues deseaban realizar filmaciones respecto al folklore ngäbe-bugle, especialmente, los cantos, danzas, los gritos, las salomas (modulación de la voz sin pronunciar palabra alguna), que es una herencia cultural ngäbe-bugle en nuestro país y más aún porque se acercaba la fecha del Día Inernacional de los Pueblos Indígenas.

El sábado 4 de agosto emprendimos el viaje. Al llegar a Chiriquí subimos por Tolé y fuimos a Llano Tugrí, para contactar cantores tradicionales y conocedores del folklore originario. De allí fuimos por la carretera de la cordillera, a Cerro Flores, a contactar a más dirigentes culturales, como “Choy Caribo” quien fue compañero mio de trabajo. El domingo 5 de agosto viajamos a San Lorenzo y subimos hacia Soloy. Fuimos a Cerro Viejo, donde entrevistamos a un señor que se mostró muy preocupado al igual que “Choy Caribo”, porque los jóvenes ngäbes de hoy están olvidando su idioma y sus tradiciones. Debido a mi edad, me costó mucho andar por estas lomas empinadas y caminos lodosos, pero un señor, de nombre Frabio Pinzón, me facilitó su caballo y un nieto de él apodado “Yunier” me ayudó a manejarlo. Yo añoraba mis años de juventud cuando andaba por aquellas montañas con una mochila al hombro y no me cansaba tanto como ahora. Un cantor de cantos (“ka” = cantos) tradicionales, llamado Manuel, nos ofreció un festival de canciones tradicionales en el idioma bugle, pues estos cantos están en ese idioma. Bajamos de allá a San Lorenzo, a la carretera Interamericana, y llegamos a San Félix. Cenamos en un restaurante que tiene un nombre muy chistoso; el restaurante se llama: “Paco Meralgo”.

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El día 6 de agosto salimos de San Félix, subimo por la carretera que conduce a Hato Chamí y fuimos a Cerro Flores. Allí entrevistamos a Choy auien nos manifesto también que está muy preocupado ya que la juventud está olvidando sus aspectos culturales, sobre todo, a sus idiomas (el ngäbe y el bugle). También Caribo tiene preocupación por la deforestación que están causando empresas foráneas y, en consecuencia, por la extinsión de animales silvestres. Él y un grupo de señores están organizando una sociedad, para hacerle frente a este genocidio humano y cultural que está causando la sociedad envolvente. Allí en Cerro Flores entrevistamos a Choy. Allí también un señor de nombre Victoriano Tugrí, nos cantó cantos tradicionales. Los cineastas fueron en su vehículo a Cerro Banco para realizar otros contactos y grabaciones, y yo me quedé conversando con mi viejo amigo Choy Caribo. Entre otras cosas, Choy me contó que su hijo, que ya tiene 30 años y que le ayudaba mucho en sus trabajos agrícolas, ya no puede hacerlo, pues está enfermo, encamado debido a la diabetes que está padeciendo.

Ese día en la cordillera había mucha neblina debido a a la época. Los cineastas regresaron de Cerro Banco y bajamos a la ciudad de San Félix donde nos hospedábamos.

El día 7 de agosto salimos de San Felix y subimos por la carretera de Hato Julí hacia la comunidad de Hato Pilón, comunidad perteneciente al distrito comarcal de Mironó, donde los ngäbe-bugles tenía una festividad tradicional, para celebrar el Día Internacional de los Pueblos Indígenas. Ya Hato Pilón no es la aldeíta con pocas casas que yo conocí. Yo estaba sumamente conmovido por este regalo que me ofrecieron estos cineastas. Volví a ver aquellos paisajes, aquella gente, e incluso, aquellos amigos y amigas. Allí en Hato Pilón en ese ambiente de fiesta, me saludó un señor que resultó ser el padre de uno de los estudiantes que yo tutorié en el internado para estudiantes ngäbe-bugles en los años ’80, llamado Basilio Bejerano y apodado “Joty”. Hoy día allí en Hato Pilón hay un colegio y fue una gran sorpresa que me saludara el presidente del Clu de Padres de Familias de ese colegio. ¿Quién era él? También un exestudiante del internado “Ju Ni Ngäberegwe”. Él me dijo entre sonrisas que era “Ortega” y yo recordé que en aquellos tiempos en el internado le decían “Orteguita”. Como ya a mis 71 años se me olvidan las cosas, le pregunté a “Orteguita” cuál era su nombre, pues pensé que su apellido era “Ortega”; pero me explicó que su nombre es Ortega y su apellido es Santo (Ortega Santo). “Orteguita” ya tiene siete hijos y a los siete los tiene estudiando. Me presentó a su esposa y a varios de sus hijos y recordó los trabajos que pasó para él poder educarse.

Salimos de Hato Pilón y regresamos a San Félix. Recordé que los ngäbes auténticos en su idioma no pronuncian la consonante “f”. En vez de la efe pronuncian una “p”. Por ejemplo, no dicen San Félix, sino “San Peli”; no dicen Fany sino “Pany”. Y a manera de chiste recordé que por tal motivo, los ngäbes auténticos no dicen “feo” ni cuando van a retirar la ficha del Seguro Social pronuncian como nosotros los latinos. ¿Cómo dirán “la ficha del Seguro” estimados lectores?

El día 8 de agosto regresamos a Hato Pilón. Este día estudiantes ngäbe-bugles estuvieron bailando su danza tradicional, el “jegui”. La palabra “jegui” en el idioma de los bugle significa “canto bailable”. Por la noche se realizó una toma de cacao. La toma de cacao es un actividad ceremonial para conjurar las actividades del “chogali” (demonio). El caco es una planta de origen mexicano. Los aztecas utilizaban el cacao para realizar rituales religiosos. Su nombre científico es “theoboma cacao”, es decir, “el alimento de los dioses”. El empleo del cacao como poción sagrada entre los ngábe-bugle, es una herencia cultural azteca. Esta noche la directora del colegio de Hato Pilón nos ofreció una confortable habitación con sus respectivos colchones, para pecnoctar en el internado de aquel colegio. Al siguiente día, después de desayunar, salimos de Hato Pilón y bajamos a San Félix para irnos después rumbo a la ciudad de Guararé, provinicia de Los Santos, donde los cineastas realizarían algunas tomas sobre las salomas y gritos, que comprobaron esta herencia cultural ngäbe-bugle.

 

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