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Una mirada a la Caja de Seguro Social

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A TIRO DE PIEDRA

Por Luis Alberto Díaz

luisalbertodiaz.jr@gmail.com

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El tema actual en muchos países es  la crisis de la seguridad social y, de modo particular, el pago y la cobertura de las pensiones por vejez.  Las noticias del colapso de los fondos, el aumento de la edad, el incremento de la tasa de cotización y el límite del monto de la pensión de retiro de la vida laboral son temas constantes y polémicos. Panamá no escapa a esta realidad y el solo pensar en el cambio de las reglas vigentes para la Caja de Seguro Social provoca, en más de uno, angustia e incertidumbre.

Desde la reforma de 2006 el tema está ausente de la agenda política. Ninguno quiere asumir el costo político que supone adoptar cambios profundos en la estructura financiera de la Caja de Seguro Social panameña. De hecho, los 5 años de la administración anterior y los más de 2 que lleva la actual, se han desaprovechado. La realidad actual del ente supone tomar medidas más radicales y drásticas que hace 7 años.

Urge tomar decisiones importantes en cuanto a la Caja, antes de que la crisis se haga más profunda. Un aumento de la edad de jubilación y de la cuota obrero-patronal no parece ser la solución.  Se requiere de una reforma profunda que re-asigne el porcentaje que va al programa de invalidez, vejez y muerte con respecto a los otros dos programas, para aumentar los fondos en ese rubro. También es imperante que la cobertura médica se circunscribe a las especialidades, dejando la atención primaria de medicina general a cargo de cada asegurado, ya sea utilizando este los servicios públicos de salud o los privados.  En relación con la inversión de los fondos, la futura reforma debe hacer más flexible su gestión para alcanzar grados de rentabilidad mayores controlando los riesgos.

Hay otro factor a considerar y del cual se evita hablar: la injerencia política en el manejo de la Caja de Seguro Social.  Dicha injerencia va más allá de la intromisión gubernamental.  Tal intervención alcanza también a los sindicatos, al sector gremial y a los empleados de la institución. Todos ellos se han repartido el botín de la Caja y controlan su administración y accionar. Es, quizá, lo que más daño le ha ocasionado a la entidad en los últimos 40 años.

La Caja necesita un régimen que garantice la ausencia de esa injerencia política elevando, a rango constitucional su administración, como se hizo con el Canal de Panamá. Su junta directiva debe estar integrada por personas escogidas por concurso de méritos, capaces y aptas en diferentes ramas, tales como: finanzas, demografía, manejo de fondos, riesgo de coberturas, estadísticas e investigación científica, entre otros.  Estas serían las encargadas de sentar las pautas para su administración.  La representación empresarial, del sector público y de los trabajadores, constituirían un consejo que se encargaría de vigilar el manejo de la Caja por parte de las otras instancias, sin inmiscuirse en la parte administrativa y operativa.

Con respecto a la dirección general, esta debería dividirse al menos en tres direcciones o gerencias con igual rango jerárquico, cuyos responsables respondan directamente a la junta directiva. Tanto la parte administrativa como la financiera y la de prestaciones médicas necesitan liberarse del yugo impuesto hasta ahora; colocarlas todas bajo el control de una sola persona es incompatible con la gestión institucional del siglo 21, para una entidad como la Caja de Seguro Social.  Si se necesita una figura que actúe como representante de la Caja, esa sería la del presidente de la junta directiva.

Al abrirse el debate sobre la reforma de la Caja de Seguro Social, que ya está a la puerta, muchas ideas saldrán para buscar soluciones unas y otras para arengar y resistirse al cambio. El asunto es serio, preocupante y urgente. La realidad financiera de la Caja y su sustentabilidad en el tiempo está fuertemente ligada al factor demográfico y a la cobertura y los servicios que ofrezca en el futuro inmediato.  Saber identificar los riesgos, factores y valores es el desafío, pero, sobre todo, tener la voluntad sincera de realizar ese cambio renunciando al control político, las prebendas y el sectarismo que, cual un cáncer, ha corroído a nuestra principal institución de seguridad social.

 

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