Viviendo de las plantas

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En el corazón de la ciudad capital, en medio de la selva de cemento, la naturaleza brinda una opción para quienes buscan mejorar su salud gracias al poder curativo de las plantas.  A un costado de la antigua casa Miller y a pocos metros de la plaza 5 de Mayo, Crescencia Salazar de Zárate recuerda que solo tenía 7 años cuando comenzó a trabajar en este puesto junto a su madre.

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58 años después, Crescencia  nos dice que ha levantado a su familia con la venta de hierbas usadas como medicina alternativa o con fines místicos religiosos.  Su familia, compuesta por 6 hijos,  8 nietos y 4 bisnietos, es la tercera generación de conocedores de plantas y recuerda que cuando su madre la inició en el negocio las hierbas eran recolectadas en los montes cercanos al cerro Ancón, Pacora y Panamá Oeste, “hoy las plantas nos las traen de Chiriquí, Sorá o El Valle de Antón, para revenderlas”.

En sus ojos se notó la nostalgia tras recordar aquellos años cuando recorrían los montes en busca de la cura para sus “pacientes” y advierte que el avance de los proyectos urbanísticos han acabado con la opción natural para enfrentar enfermedades.

Una nueva generación ya se levanta en medio de las plantas, así nos lo hace saber Astrid Florez, que a sus 21 años dedica su tiempo libre a ayudar a su mamá en el verdoso puesto.  Ella estudia el cuarto año de Operaciones Marítimas y Portuarias en la Universidad Tecnológica de Panamá; es la menor de 4 hermanos, “mi madre levantó cuatro profesionales con este puesto”, reconoce con orgullo Astrid.

Dos ingenieros, una profesora y ella a punto de culminar la carrera, “somos la segunda generación en la 5 de Mayo” y jamás hemos pensado en ceder el puesto a otra persona. Asegura que han tenido múltiples ofertas para alquilar o vender pero no acceden por la memoria de su abuela, quien inició el negocio.

Una cuarta generación ya es preparada para asumir el puesto, lo reconoce María Victoria Palacios, de 62 años,  que le enseña a su nieta de 16 años el amor a las plantas y cómo ofrecer una alternativa natural para enfrentar las enfermedades.  Da gracias a Dios por haber educado 4 hijas y un hijo a nivel universitario y en el campo de la docencia;  amargamente recuerda cuando su hijo fue atropellado, a los 9  años de vida, y pidió ayuda al “Teletón”, pero no encontró una mano amiga que la ayudara.  Hoy su hijo es profesor de Inglés y sigue en silla de ruedas,  recordar estos momentos afloraron lágrimas y, luego de una pausa, dice que “todo lo que tengo es con mi trabajo”.

Son historias de generaciones que han dedicado sus vidas al poder de las plantas, ofreciendo a los nacionales y extranjeros una alternativa de curación y a cada persona que acude a ellos le dicen lo mismo, “use las plantas pero mantenga sus tratamientos de los médicos”.

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